31.10.06

el pueblo tiene las películas que se merece

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YO PRESIDENTE

Descubrir a esta altura, tras 23 años de democracia, a qué grado de estupidez pueden llegar nuestros gobernantes, es más un ejercicio de masoquismo que una revelación. Basta ver cómo nos han arrojado a simas más profundas, desde las hondonadas en que nos dejó el Proceso, para comprender a lo que pueden llegar. El problema con “Yo Presidente” no es que nos muestre cuán pelotudos son los primeros mandatarios de la democracia post 83. El verdadero problema es que, en vez de un Michael Moore, que les ponga la cámara enfrente y les pregunte si nos merecemos, verdaderamente, tanta mediocridad, tenemos a un Gastón Duprat, un Mariano Cohn y un Luis Majul (en la producción) que no dan más que para tomarle el pelo, a lo Tinelli, registrando las gansadas que hacen sus entrevistados cuando no saben que la cámara está prendida. Que casi hora y media de película, destile tantas carencias de ideas, tantas oportunidades perdidas, hablan más de los que están detrás de cámara, que de los que están adelante. Que haya tipos como esos, gobernándonos, es responsabilidad, también, de gente como Duprat, Cohn y Majul, de los otros mediocres que manejan los medios de comunicación, los que deberían poner la lupa sobre esos turros que se cargaron a una nación.

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“Yo Presidente” es tan precaria que, paradójicamente, el que sale mejor parado es Fernando De la Rúa. Es toda una prueba de toque. Dentro de esa medianía sobresalen un par de ideas, que vale la pena rescatar:

a) los perros como prólogo a cada entrevista.
b) la excusa que encuentra cada mandatario, para no hacerse responsables de los muertos de su gestión.
c) el papel de Chiche Duhalde, una auténtica Hillary tras bambalinas, moviendo los hilos del Padrino bonaerense.
d) la frase “es lindo” de Eduardo Duhalde, cuando cuenta la satisfacción que le da pegarle un tiro a un tiburón antes de subirlo a bordo.
e) la sensación geriátrica que despiertan las imágenes de Gran Alfonso y Carlos Saúl
f) el lunar de Puerta parecido al de Perón


El segmento de Kirchner no es solo pavísimo: casi amerita la devolución del precio de la entrada.

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En definitiva, la película que nos merecemos: completa pérdida de tiempo. Casi casi como las últimas dos décadas y chirolas de nuestra patria.

CONSEJO: dejar pasar.

30.10.06

v de vendetta

el cine y su música

(c) Jorge L. Viera


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V For Vendetta.
Dario Marianelli.
Astralwerks ASW 58414.


El único veredicto es la venganza … ( V )

V for Vendetta es la adaptación fílmica de la novela gráfica de Alan Moore y David Lloyd. El film fue dirigido por James McTeigue y producido por Joel Silver y los hermanos Larry y Andy Wachowski (Creadores de la Trilogía Matrix) quienes escribieron el guión. En el film, el protagonista, V, combate por la libertad contra un estado fascista, ubicado en la Inglaterra del año 1997 (el futuro, visto desde la publicación original de la obra, entre 1982 y 1985). Una vez concluido el film los dos creativos del proyecto, tomaron actitudes diferentes respecto del resultado. Alan Moore exigió que su nombre se retirara de los créditos de la película, mientras que David Lloyd apoyó la adaptación. Actitudes no demasiado extrañas tratándose de una película tan revulsiva.

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La historia de V transcurre en el futuro (el año 2039) y el estado totalitario es, como se ha dicho, Gran Bretaña. El protagonista posee una fortaleza sobrehumana que es resultado de un monstruoso experimento genético llevado a cabo por el gobierno (al mejor estilo nazi), esta fortaleza le otorga una extraña destreza para el combate, una extraordinaria inteligencia y un cruel (y muy británico) sentido del humor.

Calificado por sus enemigos como un monstruoso terrorista, V (Hugo Weaving) usa una máscara que recuerda a Guy Fawkes, aquel revolucionario que intentó de destruir con una bomba el parlamento inglés en 1605 y asesinar al Rey Jacobo I de Inglaterra. El enmascarado comienza su revolución un 5 de noviembre (no casualmente el día de la Bonfire Night, fecha que los ciudadanos ingleses celebran año tras año quemando un muñeco de Fawkes) lanzando ataques con bombas sobre dos monumentos de Londres y toma el control de las radiofrecuencias manejadas por el gobierno, pidiendo a sus conciudadanos que respondan ante la tiranía y la opresión. En su mensaje televisado, V promete destruir dentro en un año el edificio del Parlamento y espera que el pueblo se una a él en esa fecha.

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Por otra parte, V from Vendetta, el score, también tiene una interesante historia que contar. Inicialmente, los hermanos Wachowski ofrecieron el trabajo a Craig Armstrong (World Trade Center) y Massive Attack (Danny The Dog) buscando en ellos un sonido electrónico al estilo The Matrix. Al no poder contarlos en sus filas, se recurrió al Jamesbondiano compositor David Arnold, quien también declinó la oferta. Pasa el tiempo y cuando la asignación recae finalmente sobre Darío Marianelli, las cosas terminan tomando otra visión ya que el famoso productor de la saga de Lethal Weapon acababa de escuchar el score de Batman Begins (Hans Zimmer & James Newton Howard) y su pedido fue muy claro “quiero algo más GRANDE!!”. ¿Se referiría en aquel momento a una solución sinfónica para la banda sonora?

Lo cierto es que tras sus trabajos previos para The Brothers Grimm y Pride and Prejudice, Marianelli sorprende con V for Vendetta porque su partitura combina apuntes del sinfonismo de los Grimm con otros intimistas (pero alejados de Pride and Prejudice), estos a su vez al ser mezclados con sonidos electrónicos dan como resultado un conjunto que se ajusta perfectamente tanto a la película como a los requerimientos del productor.

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Es decir que el compositor italiano trabajó el material que ofrecía la trama de V from Vendetta principalmente desde la atmósfera del film, atendiendo más al conjunto, a la suma de estados de ánimo y las sensaciones que se desprenden de la visión de la película. Esta manera de encarar la creación le permitió llegar a una partitura homogénea, pero a la vez sólida y variada temáticamente, ya que desde el conjunto se describe lo particular de cada escena. En este sentido, V presentó más dificultades para el compositor que sus dos trabajos anteriores porque el argumento del film tiene mayor riqueza de situaciones y también más profundidad. Pensémoslo detenidamente. Hay en la historia elementos fantásticos, de acción, romance, drama y terror, políticos y hasta lugar para la denuncia social. Un entramado muy complejo a considerar.

Esta circunstancia lleva a una decisión importante a la hora de realizar el score: “Tomar la banda sonora como un crescendo musical –dice el compositor- que culmine en la Obertura (1812) y el final”. Esta dirección incrementará entonces la tensión y la potencia de la composición conforme avance la película, en relación con el guión y los personajes.

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Semejante tarea Marianelli la solventa con gran lucidez en una obra cargada de emoción, pasional, potente y fresca. El primer tema, Remember Remember, muestra las claves temáticas y musicales del film de manera brillante, acompañando el parlamento inicial de Natalie Portman (Evey) narrando la historia de Guy Fawkes. Es una pieza basada tanto en percusiones como en vientos que transmite soledad, inquietud y angustia, justamente las emociones que dominan a los protagonistas durante buena parte de la película, hasta que cada uno enfrenta, sin miedo, su destino. Ese ambiente hostil, frío y por momentos escalofriante, el mismo que envuelve a aquella Inglaterra imposible del año 2039, planea sobre toda la composición como un fantasma, sin duda alguna, el de la opresión.

En el álbum pueden distinguirse cortes más incidentales hasta una veta profundamente lírica. De esta manera encontramos temas como "...Governments Should Be Afraid of Their People..." o England Prevails. Entre los líricos las palmas se las lleva indudablemente Evey Reborn, probablemente el mejor tema de todo el CD. Al margen de estas dos vertientes encontramos una tercera, en la que Marianelli da rienda suelta a su costado más marcial con cortes de ritmos muy marcados entre los que destaca Dominoes Fall. Desde luego muchos reconocerán en estos la influencia que los scores de “Batman Returns” y “Final Fantasy”.

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Así entonces, notamos cinco elementos sobre los que gira la música. En las palabras del propio Marianelli: “El pegamento que da consistencia a la unión de todas las piezas”.

Una de estas ideas es el tema de el gobierno (motivo del antagonista), que por un lado se muestra reposado e indolente (gobierno como opresión) y por otro agresivo (gobierno como represión) y junto con éste, otro motivo oscuro, que por su tonalidad parecería más asociado a tiempos de oscuridad y tinieblas, se trata sin embargo de un tema asociado a la esperanza (la revolución que vendrá inevitablemente). Este tema está construido sobre las tres primeras notas de la Obertura 1812 de Tchaikovsky.

La idea del castigo está presente en la parte coral del score con un motivo que tiene reminiscencias del canto medieval Dies Irae. Y por supuesto, no puede faltar la libertad, presentada por un emocionante motivo de cuatro notas que evoluciona constantemente y según el film avanza se vuelve más poderoso orquestalmente. Una libertad, que comparte protagonismo con la inocencia del tema de Evey, tan delicado e intimista como el personaje.

Y entre todas estas poderosas emociones, como si fuese poco aparece la superación, en los temas Valerie y Evey Reborn. En ambos, Marianelli se muestra lírico y emotivo, en la línea de los últimos compases de The Brothers Grimm. Es el punto de inflexión del personaje de Natalie Portman, que rompe sus cadenas, haciendo que la partitura gane en matices y profundidad para llegar a su clímax el film: Knives and Bullets (and Cannons Too). La venganza, a estas alturas tan necesaria, culmina con una pieza fascinante, apoteótica, liberadora y esperanzadora que el italiano combina de un modo muy inteligente con las notas más conocidas de la Obertura 1812 de Tchaikosky, compuesta para celebrar la victoria rusa frente a las tropas napoleónicas. El Parlamento vuela por los aires junto con el miedo de los ciudadanos, los que por primera vez se quitan la careta —la de V y a la vez la de su resignación— para empezar una nueva vida como hombres libres.

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Justo es decir que además del score, encontramos tres canciones que forman parte de esta banda sonora y que como corresponde se escuchan también en el film: una versión de Cry me a River de Julie London, el homenaje a Velvet Underground de Cat Power a través del clásico I Found a Reason y el tema Bird Gerh de Anthony and the Johnsons.

Redención a través del dolor e ideas a prueba de balas. Nada mal para recordar a nuevas generaciones el sentido último de la dignidad.

LIBERTAD! PARA SIEMPRE! (V)

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Esta y otras notas de Jorge Luis Viera pueden consultarse en: http://elcineysumusica.blogspot.com

28.10.06

juegos especulares

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EL VIENTO QUE ACARICIA EL PRADO

Un grupo de soldados fuera de control, humillan a un grupo de ciudadanos del país que han invadido. (La historia sucede en Irlanda, en l920). La acción termina en una muerte, tan ilegal como gratuita. En el final de la película, otros soldados matan a otro ciudadano, de forma “legal” pero no menos gratuita. No es el único juego de espejos que veremos en “El viento que acaricia el prado”. Detrás de ese viejo estilo militante de Ken Loach, se adivina la decepción del cambio que no cambia nada. Collares trocados para disfrazar al mismo perro. Mientras la estructura económica que sostiene la jerarquía de clases se mantenga intacta, los poderosos seguirán apretando a los débiles. Los uniformes pueden cambiar de color. Ingleses o irlandeses. No interesa. El tiempo pasa y las balas continúan atravesando los mismos pechos.

“El viento que acaricia el prado” parece una película de hace 30 años. (Esto no es necesariamente una crítica). Es el estilo que maneja su director, el inglés Ken Loach, uno de los más emblemáticos directores de cine político que quedan. Tics como las dimensiones en blanco y negro de sus protagonistas, la nobleza de la clase oprimida, el gesto heroico, pueblan este filme. Pero sólo en apariencia. Detrás hay una mirada más escéptica sobre la evolución de las luchas históricas. “Todos sabemos a qué nos oponemos” recita un personaje en un momento clave del filme “Pero es más difícil decir que se propone”. En la mayor parte del tiempo, la lucha contra un enemigo común desdibuja el propósito y caemos en una ilusión: creer que el que lucha a nuestro lado, sueña con el mismo mundo que soñamos nosotros.

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Paul Laverty (guionista de Ken Loach) contó este conflicto echando mano a la historia de dos hermanos irlandeses que, a principios del siglo pasado, enfrentan la ocupación británica en su tierra. Uno, Damien, protagonista del filme, planea seguir su carrera médica en Londres; el otro, Teddy, lo insta a quedarse y luchar en su patria. Las circunstancias fuerzan a Damien a quedarse y tomar un fusil para combatir al invasor. Pero el paso del tiempo los va separando, ubicándolo en veredas opuestas: los que negocian con el Reino Unido, en una paz limitada y tutelada, y lo que propugnan cambios radicales y libertad incondicional.

La historia nos lleva, meticulosamente, por esa evolución que confluye en el enfrentamiento. Podemos apreciar las posiciones de cada lado y entender porqué cada uno, toma la posición que tomó. Es el momento de los espejos, la repetición de circunstancias que habíamos visto un rato antes, al empezar la película, sólo con la variación de uniformes. Es un momento clave: las caricaturas sin sutilezas de los ocupantes británicos, adquieren otra dimensión. No somos tan distintos como nos creíamos, después de todo.

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Esa es una lección que nos deja la visión de “El viento que acaricia el prado”: dudemos de la pureza de nuestras intenciones. La segunda lección: atentos, miremos qué cambia cuando estemos ante un cambio. Tercera lección, apenas intuida por Loach y expresada por un personaje (“¡No quiero terminar como ella! ¡Quiero tener una vida normal!”): la inutilidad de la lucha política. Los grandes momentos de la Historia (con mayúscula) se escriben con la sangre de las personas (con minúsculas), meras anotaciones en el margen.


Escenas a destacar: el fusilamiento final de la película; la escena de la tortura; el fusilamiento de Chris; la discusión sobre el tratado con Inglaterra.
Frases: “Micheail fue asesinado por no dijo su nombre en inglés. ¿Qué clase de mártir es, Teddy?”; “Traté de no meterme en esta guerra y lo hice; ahora, trato de salir y no puedo”; “Las elecciones no expresaron el deseo de la gente, sino el miedo de la gente”; “Todo este saber y aún no ha aprendido”; “No me pongan junto a él… y dile a mi madre dónde me enterraron”; “‘Quiero que me lleves allí’ me dijo. Caminos seis horas, sin decir una palabra, y cuando llegamos a la tumba, en la capilla, me dijo: ‘Déjame y no quiero volver a verte nunca más en mi vida’”

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“Lloyd George, Churchill, Chamberlain, Birkenhead, Hamar Greenwood. La mayor cantidad de hijos de puta en un solo cuarto que puedas imaginar. Acaban de ver a 17 millones de hombres, mujeres y niños morir en la Gran Guerra. ¿Piensas que les importa un carajo unos miles de republicanos muertos?”; “Estamos cerca. A una pulgada así de lograrlo. Pero aún no lo hemos alcanzado. Si paramos acá, nunca más… recuperaremos el poder que puedo sentir en este cuarto hoy. Si nos detenemos ahora, nunca en nuestra vida, tendremos esta energía otra vez. ¡Nunca! Así que les ruego a todos y cada uno que sólo vayamos hacia esa pulgada. ¡No podemos parar hasta estar completamente libres de Gran Bretaña!”; “Tengo un pedazo de papel aquí. Es el Programa Democrático del Primer Parlamento. Es una breve frase. No quiero olvidarla. Quiero leerselos a ustedes. ‘La soberanía de la nación se extiende no sólo a todos los hombres y mujeres de la nación, sino a todas sus posesiones materiales, la tierra y todos sus recursos. Toda la riqueza y los procesos de producción de riqueza dentro del territorio’. Eso significa que cada uno en este país tiene un pedazo de su país. Y eso fue lo que elegimos cuando votamos por el Partido. ¿Correcto? Si nosotros logramos esto, cada chico en este país tendrá iguales posibilidades. Si no lo logramos, ellos no tendrán ninguna chance. Si ratificamos este tratado, todo lo que cambiaremos serán los acentos de los poderosos y el color de la bandera".

CONSEJO: esperar al video.

27.10.06

miércoles, 13.10.1806 – condenados al éxito

“La mañana siguiente examinamos este lugar que contiene más de 200 casas, de las que no más de tres son de altos, y las calles, si merecen es nombre, corren en ángulos rectos y son muy angostas. Las construcciones son de barro, pero la iglesia es hermosa, con una especie de cúpula y por fuera semejante a las capillas de nuestro país. La ceremonia religiosa no tiene nada degradante en sí misma y, por el contrario, complace haciendo lo razonable, y aún más, es un sacrificio agradable.

Hay, demás, un Cabildo que se convirtió en alojamiento del general Beresford y los oficiales que permanecieron con él.

(…)

Después de la llegada de las carretas, generalmente resolvimos hacerlas dormitorios en el futuro, por la experiencia de los alojamiento incómodos que hasta aquí se nos habían proporcionado. La tarde del 13 de octubre las acompañamos a caballo e hicimos alto en un campo limitado de trébol durante la noche. Pronto se encendieron fogones por los carreros, se carneó algún ganado de una pequeña tropa que se nos había unido y se preparó la cena. Nuestros domésticos rondaban las osamentas con ojos de buitres, prontos a lanzarse a los primeros pedazos favoritos, que eran traídos al asador temblando en todos los tendones. Nuestro refrigerio esa noche se compuso de algunas tajadas delgadas que, ensartada en palito con punta en ambos extremos, se clavaba en el suelo y ocasionalmente se invertían las puntas, hasta que la carne se asaba, o, más propiamente, se quemaba. El fuego se mantenía encendido con grandes pedazos de gordura echados en la brasa, y de cuando en cuando un poco de matorral o algunos yuyos. La facilidad con que se procura alimento en estas llanuras, la prontitud con que se puede preparar o curar y las privaciones de pan, licores espirituosos y sal, no sentidas por todo sudamericano, lo califica especialmente para todas las operaciones militares. Solamente necesitan inspirarse en un espíritu de bien dirigido entusiasmo y en un sentimiento de gloria, para levantarse de su apatía habitual y hacerse los primeros soldados del mundo. Su resistencia en esas ocasiones sobrepasa su sobriedad, pues con frío o calor el peón ambulante reposa profundamente bajo la bóveda del cielo, con la tierra por lecho, su poncho por abrigo y un recado de almohada. Tiene también una vigilancia muy sutil por la noche. Con tales medios físicos, y estos tan fáciles de sostener con los recursos intrínsecos del suelo, la provincia de Buenos Aires no puede fracasar en conquistar y mantener su independencia”.

Del libro de memorias del capitán ALEXANDER GILLESPIE.

(Éste y otros posts sobre las invasiones inglesas pueden consultarse en: http://invasionesinglesas.blogspot.com)

26.10.06

soy lo que soy

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PEQUEÑA MISS SUNSHINE

“Pequeña Miss Sunshine” bordea la cornisa del cliché del cine independiente norteamericano: familia disfuncional y road movie. Afortunadamente no se desbarranca, principalmente porque jamás olvida la humanidad de sus personajes ni rescatar esa calidez de esos seres que van a los tumbos (como todos nosotros), tratando, simplemente, de seguir el ritmo. El viaje los encuentra, en el conmovedor baile final sobre el escenario, un poco más cansados, más golpeados y más sabios. No importa que sean perdedores: juntos no se sienten perdedores. Y esa es la diferencia entre los que “ganan” y los que “pierden”.

“Pequeña Miss Sunshine” es la historia de un viaje (de Albuquerque a Redondo Beach) de una familia atípica: un abuelo pornoheroinómano echado del geriátrico; un padre fracasado que da cursos sobre los “Nueve Pasos para llegar al Éxito”; una chica gordita y fulera que sueña con ganar concursos de belleza; un adolescente que lee a Nitzche y se niega volver a hablar hasta que ingrese a la escuela de pilotos de la Fuerza Aérea; un tío especialista en Proust que se cortó las venas por el amor no correspondido de un alumno; una madre que intenta unir todas las piezas, con tantas ganas como impotencia.

Todos juntos, esos locos, se suben a una desvencijada furgoneta Volkswagen y recorren la ruta, rumbo a California, en un viaje contra reloj para que la pequeña Olive ingrese en el concurso de Miss Sunshine. En el camino, se irán cayendo a pedazos, reunirán las piezas esparcidas y volverán, a medias, a reconstruirse en el camino.

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El viaje de los Hoover se detiene en cada punto de ese otro camino: ¿por qué nací? ¿por qué muero? ¿cómo soy respecto a los otros? ¿soy un perdedor? ¿he triunfado? ¿alguien me amará? ¿podré alcanzar mi sueño? Si hay algo que aprenden los Hoover, es que en realidad no importa tanto responder esas preguntas. Alcanza con que tengamos tanto cariño alrededor que, al final, se suban al escenario a hacernos el aguante, a hacer el ridículo con nosotros. Aquí estamos, no importa si geniales o mediocres, no importa si lindos o feos, gordos o flacos, grasas o fashion. Si no te gusta, peor para vos. Pero no dejaremos de estar aquí y de seguir mostrándonos como somos.

Del excelente elenco, nos quedamos con la siempre buena Toni Colette, el abuelo Alan Arkin, el autoconvencido Greg Kinnear y la simpática Abigail Breslin, la Olive que los pone a todos en la ruta.

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Escenas destacadas: el robo del muerto en el hospital; el “olvido” de Olive en la estación de servicio; el baile final en el concurso Miss Sunshine; la reacción de Olive cuando recibe la confirmación de que ha sido aceptada en el concurso; el ataque de caspa de Dwayne, cerca del final, cuando no quiere seguir el viaje; el patético desfile de las candidatas a Miss Sunshine, niñas prefabricadas que hacen recordar a Chuckie, el muñeco diabólico.

Frases: “¡Fuuuuuck!”; “Abuelo, ¿soy bonita?”, “¡Eres la más hermosa chica del mundo!”, “Sólo lo dices…”, “No. Estoy locamente enamorado de ti y no es por tu cerebro ni por tu personalidad”; “Yo puedo decir lo que quiero. Yo tengo balas nazis en mi trasero”; “¿Sabes qué? A la mierda con los concursos de belleza. La vida es un concurso de belleza detrás del otro. La escuela, la Universidad, el Trabajo. A la mierda. Y a la mierda la Academia de la Fuerza Aérea. Si yo quiero volar, encontraré el modo de hacerlo. Haré lo que amo y a la mierda con el resto”, “No eres tan estúpido como pareces”

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“Perdedores es la gente que tiene tanto miedo de no ganar que ni siquiera lo intentan”; “¿Crees que hay un Cielo?”, “Bueno… es difícil decirlo, Olive. Nadie está seguro de eso…”, “Lo sé, pero tú… ¿qué crees?”, “Bien… um…”, “Yo creo que existe el cielo”, “¿Lo crees? ¿Y podré entrar?”, “Sí”, “¿Prometido?”, “Sí”; “¡Ninguno queda atrás! ¡Ninguno queda atrás!”; “¿Qué cree que está haciendo su hija?”, “Esforzándose… eso hace”.

CONSEJO: esperar al video, pero puede ser una segunda opción en cine.

24.10.06

una parte de Elvis

Cada uno de los átomos que tú posees es casi seguro que ha pasado por varias estrellas y ha formado parte de millones de organismos en el camino que ha recorrido hasta llegar a ser tú. Somos atómicamente tan numerosos y nos reciclamos con tal vigor al morir que, un número significativo de nuestros átomos (más de mil millones de cada uno de nosotros, según se ha postulado), probablemente pertenecieron alguna vez a Shakespeare. Mil millones más proceden de Buda, de Gengis Kan, de Beethoven y de cualquier otro personaje histórico en el que puedas pensar (los personajes tienen que ser, al parecer, históricos, ya que los átomos tardan unos decenios en redistribuirse del todo; sin embargo, por mucho que lo desees, aún no puedes tener nada en común con Elvis Presley).

BILL BRYSON
“Una breve historia de casi todo”

23.10.06

yéndose a pique

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GUARDIANES DE ALTA MAR

Imagínese un “Top Gun” con la Guardia Costera. Eso es “Guardianes de alta mar”. Buenas escenas al estilo “La tormenta perfecta”, un gran actor (Kevin Costner), buenos secundarios y una serie de enredos convencionales para una historia de héroes. Si el filme entretiene, no es por la solidez de la trama, que no deja lugar común por recorrer, sino por algunos chispazos, algunos diálogos y algún momento dramático. Lejos de “Hombres de honor” (la historia del buzo afroamericano con Robert DeNiro y Cuba Gooding Jr.).

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Ben Randall es un experimentado oficial del cuerpo de elite de la Guardia Costera, experto en rescates peligrosos en alta mar. Su pasión por salvar vidas está interfiriendo en su vida familiar: su esposa está por dejarlo. Para peor, en un accidente, pierde a todo su equipo en el mar, entre ellos a su mejor amigo. Sus superiores le recomiendan una temporada como instructor en la Escuela de Cadetes, mientras se recupera de sus heridas psicológicas. Mascando bronca, Randall acepta el encargo y, durante un período, forma a los buzos del futuro. Entre ellos, al chico soberbio, campeón de natación, que viene a romper sus propios récords: Jake Fischer.

“Guardianes de alta mar” es la historia del maestro, el hombre que se rescata a sí mismo, abriendo el camino a los demás. Es una historia tantas veces contada que hay que ser muy ingenioso para mostrarlo de un modo diferente. No es el caso de Ron Brinkerhoff (guionista del filme) ni del director Andrew Davis. A lo sumo se puede alabar la corrección con que fue hecha, la buena factura de las escenas en el mar, algún que otro diálogo y lo linda que es Melissa Sagemiller (Emily, la novia de Jake). Ashton Kutcher como la contraparte de Kevin Costner, no le llega a los talones y ahí se pierde gran parte de la química del filme. Es muy evidente cuan diferente es el peso específico actoral de uno y otro, cuando comparten una misma escena.

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No obstante, pese a esas limitaciones y falencias, la fuerza implícita en esta historia de héroes alcanza para mantener el interés, pese a unos cuantos minutos de más que le sobran al filme. Es una de esas películas pochocleras para ver en video y para recordar, alguna que otra escena, y olvidar el resto. No mucho más, es cierto, pero tampoco mucho menos.

Escenas: el diálogo entre Ben y Jake tras la pelea en el bar; la presentación del curso; la primera prueba en la pileta (“no pueden tocar el borde”); la escena del accidente; la escena inicial, del rescate de la pareja.

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Frases: “Guardia Costera de los EE.UU. Estoy aquí para ayudarlo”; “¿Cómo elige a quién salvar?”, “Nado tan rápido y duro como puedo, durante el tiempo que pueda. Y el mar hace el resto”; “¿A cuántos, señor?”, “22”, “Bueno, no está mal… no es 200 pero”, “22 es el número de personas que perdí. Es el único número del que llevo cuenta”; “¿Cómo se hace una leyenda? ¿Qué lo convierte a un hombre, mientras está vivo? ¿O por qué se lo recuerda después de muerto?”; “Ese tipo que tiene todos los récords… sólo quería decirle que, si lo ve, dígale que voy a quitar su nombre de ese cartel”, “Puede decírselo usted mismo. Está parado al fondo del aula”; “Llegará el momento en que tendrán que decir quién vive y quién muere”

CONSEJO: esperar al video.

22.10.06

ajenjo

En 1890, su momento de auge, el hada verde, bebida sensual y demoníaca, desencadenó olas de borrachera en Europa. Fue la musa inspiradora de los poetas malditos y de artistas atormentados en general. Se le atribuyeron poderes alucinógenos y hasta asesinatos. No podía terminar de otra manera: a partir de 1910, una ola de prohibición ahogó los vapores verdes del mentado licor. Pero en rigor, el ajenjo es una planta aromática, artemisia absinthium se llama, a la que le descubrieron primero facultades medicinales y luego, concatenación mágica de la historia, terminó convirtiéndose en la bebida más espirituosa entre todas. De su nombre científico el licor heredó su identidad en francés, absinthe, luego legada al inglés.


(…)

"Después del primer vaso, uno ve las cosas como le gustaría que fuesen. Después del segundo, se ven cosas que no existen. Finalmente, uno acaba viendo las cosas tal como son, y eso es lo más horrible que puede ocurrir", supo escribir Oscar Wilde. Se le atribuyen al licor muchas historias famosas. Por ejemplo, se dijo que la oreja que Van Gogh se cortó fue producto de su excesiva ingesta de licor de ajenjo. Hay otras, como la que cuenta que a causa de dos medidas de ajenjo, en 1905 un campesino suizo disparó y mató a su mujer embarazada y a sus hijos de 4 y 2 años y luego intentó suicidarse con la mala suerte de fallar. A partir de semejantes historias, se gestó la ola de prohibición.

Un libro llegó a la Argentina para desmitificar un poco tanta leyenda. Se llama "Ajenjo, mito e historia", de Phil Baker. Allí apunta que uno de los datos fundamentales acerca del ajenjo es su altísima graduación alcohólica, a la que debe ser atribuido el concentrado poder de una medida y no a otra cosa. Claro que el licor de ajenjo tiene, y lo trae desde la planta, una sustancia alucinógena llamada thujone. Lo cierto es que, apunta el autor, la prohibición previno que esta bebida del demonio se popularizara y derramara su influencia de los salones burgueses a la clase trabajadora.

Hubo ley seca de ajenjo en Francia, en Inglaterra, en Suiza... el único país europeo que no tuvo veda fue España. ¿Pero por qué es tan difícil encontrar un sitio donde sirvan ajenjo en 2006?. En Inglaterra se volvió permitir en 1998, por ejemplo. Pero lo que nos interesa es Argentina: según entendido en la materia, Salvador Gargiulo, editor de Cántaro y encargado del lanzamiento del libro de Baker en Argentina, la prohibición también llegó a nuestro país a través de una disposición para el expendio de licores y bebidas alcohólicas alrededor del '30. Fue consecuencia de la veda en Francia y Suiza, porque por ese entonces Argentina importaba ajenjo francés.

(…)

Algunos ya lo estarán pensando, pero apuntemos: si hacer crecer en el fondo de casa una plantita de ajenjo no es tan complicado, sí lo es el acceso a la receta y sus proporciones exactas. En la web se reproducen fragmentos de una búsqueda que rinde cuentas del mito. También se puede encontrar información, aunque en inglés, en el Museo Virtual del Ajenjo y bellísimas imágenes, reproducciones de viejos afiches e ilustraciones de la Belle Epoque, publicidades y fotografías de objetos como botellas, copas y cucharas. Un tesoro para nostálgicos.

(…)

El ajenjo tiene algo de alquimia. El licor puro es de ese característico color verde y debe servirse en una copa de base ancha, pero no se toma sólo, se le agrega agua fría. El efecto de esta mezcla es un sorprendente blanco lechoso. Hay quienes lo prefieren con azúcar. En ese caso habrá que utilizar una pequeña y original herramienta: algo así como una cucharita con orificios. Sobre ella se coloca un terrón de azúcar y recién entonces se vierte con lentitud el agua sobre el terrón, que se irá disolviendo y caerá sobre el ajenjo, a través de los agujeritos de la cuchara. Luego se revuelve y está listo para tomar. Las proporciones pueden variar, una de ajenjo y tres de agua, tal vez cuatro o incluso seis.

MARÍA FARBER
“El ajenjo, una bebida que conserva sus misterios y vuelve a 120 años de su auge”
(clarín, 18.10.06)


LINKS:

Un post sobre los afiches del “Museo Virtual de la Absenta” en “El burlador”.

20.10.06

no se merece esa rubia

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MI OTRO YO

“Un hombre no es exitoso, si no lleva una modelo del brazo”
MARÍA VÁZQUEZ
circa año 5 del Menemato

“Mi otro yo” venía con los buenos antecedentes de su director – guionista, Francis Veber (“La cena de los tontos” y “El placard”) y de un planteo que daba para una comedia brillante. La presencia de Daniel Auteuil y Kristin Scott Thomas, también prometían. Sorprendentemente, el resultado es tan chirle como cansino. Pocas ideas a la hora de desarrollar un tema que, prácticamente, se escribía solo.

Argumento: Francois es un perdedor consciente de que la vida no lo trató bien. Cara de pavo, un trabajo gris (acomoda coches en un hotel parisino), una personalidad insípida. Ama a Emilie, su amiga de la infancia, pero la chica lo rechaza cuando le ofrece casamiento, con anillo en mano y todo. Pero, algo está por cambiar en la vida rutinaria de Francois. Producto del azar, se cruza en la calle con una parejita clandestina: el director de unos de los principales holdings del país (casado con la dueña de dicho conglomerado) y la modelo top del momento. Y quiere la suerte que un paparazzi dispare su cámara en el exacto momento que pasa Francois al lado de Elena, la modelo top.

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Para evitar el escándalo (y la ira de la esposa que maneja los hilos de la empresa), el empresario le propone a Francois hacerse pasar por novio de la modelo. Por lo menos hasta que la esposa deje de vigilarlo. Basta que Francois acepte la propuesta, para que se transforme en el hombre codiciado por todas las mujeres que, un rato antes, lo escupían por la calle.

Ese argumento daba para jugarlo en dos flancos. En una primera instancia, de comicidad pura, los enredos entre amantes, amados, celosos e indiferentes. Francois ama a Emile e ignora a Elena que se pregunta porque este pavo no se babea como todos los hombres que le rondan, mientras su amante clandestino, Pierre, ve como la está perdiendo en manos del tipo que menos sombra puede hacerle. Otra instancia, más ideológica, es preguntarse hasta qué punto amamos por lo que el otro es, prescindiendo de lo material.

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Francois no es visto más que como un perdedor; Elena como la rubia tonta; ninguno es visto como persona, sino como una cosa a adquirir. Francois no es ni más ni menos seductor que un segundo antes que el mundo crea que ha conquistado a la modelo del momento. Sin embargo, para su entorno, se ha vuelto irresistible, porque puede exhibir aquello comprado en el mercado de las apariencias.

Esa es la historia a contar: detrás de lo que cada uno vende en la sociedad de imágenes, hay un ser humano que ama y desea ser amado. Algunos (como Francois) apuestan a ese sustrato detrás del espejo; otros, como Pierre, se aferran al reflejo de las ilusiones. Al final, él también es un producto en el mercado, una cosa comprada por una señora que lo controla, tal como él lo hace con su amante.

Todas estas posibilidades quedan dormidas en un guión anodino, sin audacia, sin diálogos brillantes, sin escenas que exploten la intimidad de los personajes, la química de los opuestos. Si la princesa desciende de la torre de marfil, para pasar unas semanas con un simple plebeyo, ¿por qué no mostrar esos contrastes de mundos tan disímiles? ¿por qué no describir la evolución de los protagonistas, esa mutua dependencia, a los Sancho Panza y Don Quijote, en el que uno transforma al otro y viceversa?

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Esa es la carencia de “Mi otro yo” que pasa de largo ante todas las posibilidades que la trama le ofrecía y termina muy convencionalmente, casi con cierto hastío y apuro para sacarse el filme de encima. Tal es el desgano que hasta actores como Auteuil terminan haciendo mohines en cámara, sin saber para qué lado dispara su personaje.

La babaza plus de la jornada para Alice Taglioni, la modelo top de la historia, rubia que se hubiera merecido una comedia mejor.

Oportunidad perdida.

La frase: “Mire que cuanto menos tienen, más difícil es presionarlos”.

CONSEJO: esperar al video, sin apuro.

19.10.06

el reverendo Evans

Cuando el cielo está despejado y no brilla demasiado la Luna, el reverendo Roberts Evans, un individuo tranquilo y animoso, arrastra un voluminoso telescopio hasta la solana de la parte de atrás de su casa de las montañas Azules de Australia, unos ochenta kilómetros al oeste de Sidney, y hace algo extraordinario: atisba las profundidades del pasado buscando estrellas moribundas.

(…)

Evans es, durante el día, un ministro bonachón y semijubilado de la Iglesia Unitaria Australiana, que hace algunas tareas como suplente e investiga la historia de los movimientos religiosos del siglo XIX. Pero de noche es, a su manera despreocupada, un titán del firmamento: caza supernovas.

Para comprender la hazaña que supone hacerlo, imaginen una mesa de comedor normal cubierta con un tapete negro sobre la que se derrama un puñado de sal. Los granos de sal desparramados pueden considerarse una galaxia. Imaginemos ahora 1.500 mesas como ésa -las suficientes para formar una línea de más de tres kilómetros de longitud-, cada una de ellas con un puñado de sal esparcido al azar por encima. Añadamos ahora un grano de sal a cualquiera de las mesas y dejemos a Evans pasearse entre ellas. Echará un vistazo y lo localizará. Ese grano de sal es la supernova.

(…)

Yo me había imaginado que Evans tendría un observatorio completo en el patio trasero, una versión a pequeña escala de Monte Wilson o de Palomar, con techo cupular deslizante y un asiento mecanizado de esos que da gusto maniobrar. En realidad, no me llevó al exterior sino a un almacén atestado de cosas que quedaba junto a la cocina, donde guarda sus libros y sus papeles y donde tiene el telescopio (un cilindro blanco que es aproximadamente del tamaño y la forma de un depósito de agua caliente doméstico), instalado sobre un soporte giratorio de contrachapado de fabricación casera. Cuando quiere efectuar sus observaciones, traslada todo en dos viajes a una pequeña solana que hay junto a la cocina, donde, entre el alero del tejado y las frondosas copas de los eucaliptos que crecen en la ladera de abajo, sólo le queda una ranura estrechísima para observar el cielo. Pero él dice que es más que suficiente para sus propósitos. Y allí, cuando el cielo está despejado y no brilla demasiado la Luna, busca sus supernovas.

(…)

Cuando levantamos la cabeza hacia el cielo, la parte del universo que nos resulta visible es sorprendentemente reducida. Sólo son visibles desde la Tierra a simple vista unas 6.000 estrellas y sólo pueden verse unas 2.000 desde cualquier punto. Con prismáticos, el número de estrellas que podemos ver desde un solo emplazamiento aumenta hasta una cifra aproximada de 50.000 y, con un telescopio pequeño de dos pulgadas, la cifra salta hasta las 300.000. Con un telescopio de 16 pulgadas, como el de Evans, empiezas a contar no estrellas sino galaxias. Evans calcula que puede ver desde su sotana de 50.000 a 100.000 galaxias, que contienen 10.000 millones de estrellas cada una. Se trata sin duda de números respetables, pero, incluso teniendo eso en cuenta, las supernovas son sumamente raras. Una estrella puede arder miles de millones de años, pero sólo muere una vez y lo hace de prisa. Y unas pocas estrellas moribundas estallan. La mayoría expira quedamente, como una fogata de campamento al amanecer. En una galaxia típica, formada por unos 10.000 millones de estrellas, una supernova aparecerá como media una vez cada doscientos o trescientos años. Así que buscar supernovas era un poco como situarse en la plataforma de observación del Empire State con un telescopio y escudriñar las ventanas de Manhattan con la esperanza de localizar, por ejemplo, a alguien que esté encendiendo 23 velas en una tarta de cumpleaños.

Por eso, cuando un clérigo afable y optimista acudió a preguntar si tenían mapas de campo utilizables para cazar supernova, la comunidad astronómica creyó que estaba loco. Evans tenía entonces un telescopio de 10 pulgadas -tamaño muy respetable para un observador de estrellas aficionado, pero que no es ni mucho menos un aparato con el que se pueda hacer cosmología seria- y se proponía localizar uno de los fenómenos más raros del universo. Antes de que Evans empezase a buscar en 1980, se habían descubierto, durante toda la historia de la astronomía, menos de sesenta supernovas. (Cuando yo le visité, en agosto de 2001, acababa de registrar su 34. descubrimiento visual; siguió el 35º tres meses más tarde y el 36º a principios de 2003.)

Pero Evans tenía ciertas ventajas. Casi todos los observadores -como la mayoría de la gente en general- están en el hemisferio norte, así que él disponía de un montón de cielo básicamente para él, sobre todo al principio. Tenía también velocidad y una memoria portentosa. Los telescopios grandes son difíciles de manejar, y gran parte de su periodo operativo se consume en maniobrarlos para ponerlos en posición. Evans podía girar su ahora pequeño telescopio de 16 pulgadas como un artillero de cola su arma en un combate aéreo, y dedicaba sólo un par de segundos a cada punto concreto del cielo. Así que podía observar unas cuatrocientas galaxias en una sesión, mientras que un telescopio profesional grande podría observar, con suerte, 50 O 60.

Buscar supernovas es principalmente cuestión de no encontrarlas. De 1980 a 1996 hizo una media de dos descubrimientos al año... No es un rendimiento desmesurado para centenares de noches de mirar y mirar. En una ocasión descubrió tres en quince días. Pero luego se pasó tres años sin encontrar ninguna.

-El hecho de no encontrar ninguna tiene cierto valor, en realidad -dijo-. Ayuda a los cosmólogos a descubrir el ritmo al que evolucionan las galaxias. Es uno de esos sectores raros en que la ausencia de pruebas es una prueba.

-Creo que hay algo satisfactorio en eso de que la luz viaje millones de años a través del espacio -dijo Evans- y, justo en el momento preciso en que llega a la Tierra, haya alguien que esté observando ese trocito preciso del firmamento y la vea. Parece justo, verdad, que se presencie y atestigüé un acontecimiento de esa magnitud.


(…)

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En 1987, Saul Perlmutter, del Laboratorio Lawrence Berkeley de California, necesitaba más supernovas la de las que le proporcionaban las observaciones visuales y decidió buscar un método más sistemático para localizarlas. Acabó ideando un ingenioso sistema valiéndose de sofisticados ordenadores e instrumentos de carga acoplada, básicamente cámaras digitales de gran calidad. Se automatizó así la caza de supernovas. Los telescopios pudieron hacer miles de fotos y dejar que un ordenador localizase los puntos brillantes indicadores, que señalaban la explosión de una supernova. Perlmutter y sus colegas de Berkeley encontraron 42 supernovas en cinco años con la nueva técnica. Ahora, hasta los aficionados localizan supernovas con instrumentos de carga acoplada

-Mediante estos instrumentos puedes dirigir un telescopio hacia el cielo e irte a ver la televisión -me dijo Evans, con tristeza-. El asunto ha perdido todo el romanticismo.

Le pregunté si le tentaba la idea de adoptar la nueva tecnología.

-Oh, no -me contestó-. Disfruto demasiado con mi método. Además... -Indicó con un gesto la foto de su última supernova y sonrió -. Aun puedo ganarles a veces.

BILL BRYSON
“Una breve historia de casi todo”

17.10.06

abandonar el trabajo

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El rabí Tarfón decía:

El día es breve y el trabajo es grande, y los peones son perezosos, y los salarios
son abundantes, y el dueño de casa es exigente.

El rabí Tarfón también solía decir:

No es necesario que acabéis el trabajo, pero ninguno de vosotros es libre de abandonarlo.

Leí por primera vez Las sentencias de los Padres (Pirke Abot) cuando era chico y, si bien me impresionaron ciertos aforismos de Hillel y Akiba, las marcas más duraderas me las dejaron los apotegmas del menos celebrado rabí Tarfón. Las sentencias de los Padres constituyen un epílogo añadido para "amansar" la Mishná. Este gran código de ley oral fue editado por rabí Judá el Patriarca hacia el año 200 de la Era Común; unos cincuenta años después se adjuntó el tratado de máximas sapienciales de los Padres, que desde entonces ha sido la única parte popular del gran código legal rabínico.

(…)

El judaísmo rabínico, cuya normativa se aplica desde hace más de mil novecientos años, es una religión ni más ni menos tardía que el cristianismo. Ambas resultaron de la terrible catástrofe del año 70 de la Era Común, cuando las legiones romanas saquearon Jerusalén y destruyeron el Segundo Templo, el templo de Heredes el Grande. Adonde fue Yahveh cuando lo expulsaron del Santuario de los Santuarios es cosa que nadie sabe, como se desconoce el arco completo de versiones de la religión de Judá que existían antes de la caída del Templo. Fueron los sabios que (con la indulgencia romana) escaparon a la ciudad de Yavné quienes fundaron lo que hoy conocemos como judaísmo. Yavné ardió en llamas en 132 de la Era Común, cuando el rabí Akiba - heroico, anciano y tal vez sublimemente loco - cometió el terrible error de unirse a la rebelión de Bar Kochba contra los romanos. Akiba, cuya religión aún puede considerarse la expresión definitiva del judaísmo normativo, proclamó a Bar Kochba el Mesías. El desastre engendró un Holocausto de judíos cuya magnitud sólo sería superada por el terror nazi, y concluyó con el martirio del propio Akiba.

Unos ciento veinte años después de esta catástrofe, las Sentencias de los Padres la pasan por alto tranquilamente, y de hecho desprecian toda historia como irrelevante frente a la cadena de la tradición, en la que un sabio sigue a otro y la sabiduría perdura. El Segundo Templo había desaparecido, también la academia de Yavné, pero la genealogía de la tradición normativa se mantenía serena.

(…)

En términos históricos sabemos muy poco de Tarfón, sobre todo en comparación con su contemporáneo Akiba. Éste era una personalidad tan central y fuerte que nos da la impresión de conocerlo; en cambio Tarfón está subsumido en los textos rabínicos, y hay que escuchar sus sentencias con gran cuidado para hacerse alguna idea del hombre interior, que en asuntos de controversia rara vez coincidía con Akiba. Dado que la única e invariable fuente en torno a estas disputas son los discípulos de Akiba, cabe dudar de las historias en las que Tarfón siempre es superado. Al contrario que Akiba, que provenía del pueblo ordinario, Tarfón era sacerdote, especie de vestigio arcaico de las primeras épocas del Segundo Templo. Por eso una de sus preocupaciones fundamentales era la función y los privilegios de los sacerdotes, materia que a Akiba no le interesaba nada. Donde chocaban ambos sabios era en la oposición entre asunciones subjetivas y hechos supuestamente objetivos. De un modo que me recuerda a Sigmund Freud, Tarfón argumentaba a favor del Principio de Realidad. Su idea dominante es la primacía del hecho sobre la intención. Hayamos querido o no causarlos, los hechos son lo único que importa. En cambio Akiba decía que al juzgar nuestras acciones debe tenerse en cuenta qué pensamos y qué queremos. Las sentencias de los padres adjudican a Akiba esta formulación elocuente:
El silencio es el cerco que defiende la sabiduría. Todo está previsto, y el mundo es juzgado por la bondad, y todo es según la cantidad de trabajo.

Uno percibe aquí cierto aire de familia con las palabras de Tarfón; ninguno de los dos rabinos habría concordado con Jesús en que quien mire a una mujer con lujuria en el corazón ya ha cometido adulterio. Pero los matices que diferencian a Akiba de Tarfón son sutiles e importantes. Mientras que en Tarfón el rabino nunca reemplazó del todo al sacerdote, en Akiba la nostalgia del Templo se ha rendido a la Mishná o Ley Oral. Por lo tanto Akiba invoca la primacía de la voluntad e insiste en que somos lo que queremos ser. Tarfón, que nunca olvida la disciplina del Segundo Templo, da la voluntad por sentada. Se nos juzga por la suma de bondad que hemos practicado, dice Akiba, e inventivamente añade que "todo es según la cantidad de trabajo". Para Tarfón, con todo, el día es breve, el trabajo interminable y nosotros tendemos a ser peones lerdos. El Yahveh del Templo es exigente, porque los salarios de su Alianza son altos: la bendición de más vida en un tiempo sin límites. Si Tarfón fuera siempre tan feroz, yo también preferiría a Akiba, pero Tarfón también dice:
No es necesario que acabéis el trabajo, pero ninguno de vosotros es libre de abandonarlo.

Sea uno normativo o herético, judío o cristiano, secularista o escéptico, la sabiduría de Tarfón nunca pierde su utilidad. Continúo enseñando, como llevo haciendo desde hace cuarenta y cinco años, y no dejo de volver a la máxima de Tarfón. Si fuera necesario que cada cual acabara el trabajo muchos nos hundiríamos en la desesperación, porque el trabajo no puede acabarse nunca. Es imposible redimir el Templo y las pruebas de la realidad no pueden sino terminar con la primacía absoluta del hecho, que es la muerte de cada individuo. Pero si no se puede acabar el trabajo, ¿por qué no somos libres de abandonarlo?

HAROLD BLOOM
“Cómo leer y por qué”

16.10.06

lunes, 11.10.1806 – sale Beresford

“Los jóvenes de ambos sexos demostraron gran simpatía cuando oyeron de nuestra ida, que fue ordenada la tarde del 11. (…) El único y último testimonio de respeto, que era posible demostrar a las ramas menores de nuestros hospitalarios protectores, fue invitar a comer a tantos de ellos como la casa pudiese contener, para beber el vaso de despedida y darnos un mutuo adiós. Nos reunimos de costumbre en Los Tres Reyes para la ocasión y después de haber proporcionado mucho deleite a nuestros amigos criollos, como también haber dado y recibido las bendiciones de esos humildes, pero dignos publicanos, toda la cabalgata entró en la Plaza Mayor, la tarde del 11, donde un número inmenso de caballos del rey estaban ensillados y enfrenados y listos para el viaje. (…) Todos nuestros compañeros sudamericanos se afectaron grandemente, nos ofrecieron sus servicios en cualquier época futura, y después de montar nuestro ganado ruin, nos dimos las manos, salimos a galope y pronto nos perdimos de vista. Pude discernir que esta parte de la escena fue poco agradable para los españoles. El general Beresford, con su estado mayor, iba adelante en un coche a esa misma hora y habiendo salido las carretas por la mañana temprano, habían ido más allá del lugar de descanso que se nos había señalado hasta el día siguiente.

Del libro de memorias del capitán ALEXANDER GILLESPIE.

El general Beresford, en agradecimiento a su anfitrión Félix de Casamayor, le obsequio su catalejo de campaña, el mismo con el que vio Buenos Aires, por primera vez, sobre la borda del barco que arribó al Plata, hoy en el Museo Histórico Nacional.

(Éste y otros posts sobre las invasiones inglesas pueden consultarse en: http://invasionesinglesas.blogspot.com)

13.10.06

munichita

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CAMINANDO SOBRE EL AGUA

Podría haber dado mucho, pero mucho más de lo que dio. “Caminando sobre el agua” parte de una muy buena idea, desarrollada con poca audacia. Esa falta de tenor dramático, de conciencia del peso de la historia que se estaba contando, deja a la película en clara sensación de deficiencia. Cuanto más viajan los personajes, menos logran comprometernos con la historia; la escasez de líneas de diálogos auténticamente brillantes, es un síntoma de la liviandad con que fue encarado este guión.

Esta es la historia de Eyal, un agente del Mossad, que en un día le cambia la vida: mata a un terrorista delante de la familia de éste y cuando llega a casa descubre que su esposa se ha suicidado. Tras un mes reponiéndose del trauma, a Eyal se le encarga una tarea “liviana”. Axel, un turista alemán, viene a Israel a visitar a su hermana que vive en un kibbutz; ambos son nietos de un genocida nazi que, presumen, sigue vivo. La tarea de Eyal será hacerse pasar por guía, trabar relaciones con los hermanos y averiguar si la familia tiene algún tipo de contacto con el “amable viejito” que supo masacrar gente en los campos de concentración, entre ellos, la propia madre de Eyal.

Este “trabajo” le aportará a Eyal algunas lecciones que el pasado le da a su presente. El filme gira sobre dos ideas fuertes: la víctima que se vuelve victimario; el pecado de los padres que estigmatiza a los hijos. Axel y su hermana Pía son buena gente, abominan del pasado de su familia; pero cargan con el peso de una historia de la que no son responsables. Eyal no puede perdonar ese pasado, pero no se ha dado cuenta que él, como aquellos que mataron a sus ancestros, está cargado del prejuicio y el rencor hacía sus vecinos palestinos. Eyal es una bomba a punto de explotar: el suicidio de su esposa disparó (a un nivel inconsciente) un cuestionamiento a su trabajo y a su forma de ser. Eyal es una máquina de matar. ¿Y cómo se puede vivir con alguien que tiene las manos manchadas de sangre?

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“Caminando sobre el agua” deambula por esas ideas, pero en ningún momento las incorpora como ejes básicos de la acción. Son líneas paralelas, citadas en algún momento por los personajes, que motivan alguna decisión. Pero falta mucha más fuerza dramática para que la historia nos emocione y nos induzca a cuestionarnos, del mismo modo que se cuestiona el personaje. Cierto tono light, con un derrumbe al final. Todo lo que sigue al viaje de Eyal a Alemania, parece demasiado forzado. No importaba tanto saber si el abuelito nazi estaba vivo o no. Importaba que ese hecho definiera el futuro tanto de Eyal como de Axel, que ese contacto entre víctimas y victimarios, sirviera para zanjar los rencores y que la nueva generación sepultara, los pecados de sus mayores.

No es que “Caminando sobre el agua” sea aburrida o esté mal filmada. Todo lo contrario. Pero no logra conmovernos, no logra dejarnos huella. Es una película más. Cuando el tema daba para sacudir nuestros cimientos, como lo hiciera “Munich”, por dar un ejemplo.

Claro, detrás estaba Steven Spielberg. Y eso es otra cosa.

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Muy buena la banda de sonido. Un dato: en el sitio de la película (www.walkonwatermovie.com) pueden bajarse, en MP3, el tema “Cinderella Rockafella”, un clásico decadente muy simpático.

Escenas: la lucha en el subte, con los neonazis alemanes; el baile israelí en la familia de Axel; la escena entre Axel y su abuelo; la charla de Axel y su hermana, cuando ella le confiesa cómo su novio la dejó al enterarse que era nieta de un genocida.

Frases: “No lo entiendes. No es sólo llegar al Mar de Galilea y empezar a caminar. Si pudieras, todos lo harían. Necesitas prepararte”, “¿Cómo? Ilumíname por favor”, “Necesitas purificarte totalmente. Tu corazón necesita estar limpio desde adentro: nada de negatividad, ningún mal pensamiento”, “¿Y entonces”, “Entonces caminaras sobre el agua. Estoy seguro de eso”; “Tú matas todo lo que tocas”.

CONSEJO: esperar al video, sin apuro.

11.10.06

gacetilla

Cine y Música: Un Encuentro
Docente: Jorge Luis Viera

¿Qué música "escuchamos" cuando "vemos" un film?.

La música en el cine tiene una historia que contar casi tan antigua como el cine mismo, una historia activa de la que formamos parte todos los que alguna vez nos pusimos en contacto con una obra cinematográfica, aún sentados en la butaca del espectador.

El siguiente seminario pretende echar luz sobre la música y los músicos que tan bien supieron envolver esas imágenes generando un lenguaje propio que es casi imprescindible conocer para quienes gustan del séptimo arte.

Desde sus albores a la actualidad, el cine y la música han propiciado un encuentro, más allá de nuestro conciente. Su historia, los aspectos técnicos que la sustentan y el impacto en nuestros sentidos son el ejesobre el cual gira este seminario.

Duración: 4 encuentros semanales de 2 horas.

Miércoles 8, 15, 22 y 29 de Noviembre a las 18.30 hs.

Informes e Inscripción: Sarmiento 567 piso 3. Capital Federal.
Teléfono: 4326-3355

www.casadeletras.com.ar

10.10.06

la vida es fea

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EL TIGRE Y LA NIEVE

“El tigre y la nieve” es 100% Roberto Benigni. Yuxtapone escenas de poesía melancólica junto a otras de una verborragia cargosa, cuando no herederas del melodrama kitsch e irracional. Aquellas gemas que aparecen cada tanto (un tigre bajo la nieve; un collar rozando la piel de la amada; el falso cielo estrellado de Bagdad surcado por misiles; un diálogo sobre las virtudes y defectos de la habitación del amado; el tema que toca Tom Waits con voz ronca y sombrero haciendo juego) no alcanzan para salvar un filme hecho a los tropezones, sin mucho sentido y con situaciones realmente pavas. Hay veces que uno se tienta en creer que tanto sinsentido no puede ser espontáneo y que hay algún propósito oculto de su creador, algún homenaje o sentido que se nos escapa. Pero no. Es el estilo de Benigni. Tómelo o déjelo.

La excusa argumental de “El tigre y la nieve” es la historia de un amor que puede con todo y contra todo. El poeta Attilio de Giovanni ama a Vittoria a la que persigue a sol y sombra, sin resultado, casi cruzando el límite del acoso patológico. Pero un día, Atilio recibe la noticia que su amada Vittoria está grave, en un hospital en Bagdad, durante la invasión norteamericana y que va a morir. Allí se va Attilio, encarando cualquier peligro, para rescatarla de los brazos de la muerte.

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El viaje a Bagdad debería ser un viaje poético, casi simbólico (¿no lo es acaso?, ¿tanta inverosimilitud en sus jornadas, no sugieren que todo pasa en un plano irreal o utópico?). Esos símbolos deberían tener algún significado, algo que nos explique cómo fue (y es) el amor de Attilio, algo que nos alumbre con la inconsciencia de su amor. Nada de eso hay en “El tigre y la nieve” sino una serie de gags, más o menos afortunados, y casi un registro logístico del drama de Attilio (la búsqueda de un medicamento o un tanque de oxígeno), registro que se resuelve con inconcebibles deus ex machina. El problema no es que estas etapas en Bagdad no tengan funcionalidad dramática; peor, aún: no tienen ningún viso de verosimilitud.

Si el desborde de Roberto Benigni (que va a hacer de Benigni siempre, no importa lo que haga) ya es una marca registrada, es ilevantable la actuación (sic) de Nicoletta Braschi (esposa en la vida real de Benigni) que eleva la impavidez al mayor grado de excelencia. Pongo como ejemplo, la escena en la que se topa con el tigre bajo la nieve. Observen la cara del felino y la cara de ella. El animal muestra más signos de emoción que la protagonista.

Otro misterio es qué catzo hace Jean Reno en esa película, en un personaje sin ton ni son, y nuestro miedo que el actor no haya tomado la misma decisión de su poeta Fuad, tras ver la primera proyección de la película. Si alguien tiene noticias de él, por favor, háganlas llegar a esta página.

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Escenas destacadas: la charla de Attilio y Fuad mirando el cielo de Bagdad; el gag de la silla de peluquero que se cae; la escena final. Frases: “Era yo, que no supe contarle bien, hacerle sentir la emoción que había probado. Quedé tan mal que dije: ‘Habrá alguien en el mundo cuya profesión encuentre las palabras exactas, que te hagan latir el corazón igual que late el propio’. Ese día decidí ser poeta”; “¿Te acuerdas dónde estacioné el auto?”; “La poesía no está afuera está dentro. ¿Qué es la poesía? No se lo pregunten, mírense, la poesía eres tú. Vistan bien a la poesía, busquen bien las palabras, deben elegirlas, a veces puede llevarles ocho meses encontrar una palabra. Elíjanlas, que la belleza comienza cuando alguien ha comenzado a elegir”; “¡Enamórense, si no se enamoran todo está muerto, ¡todo! Si están enamorados, todo está vivo, se mueve todo. Dilapiden la risa, despilfarren la alegría. Estén tristes y taciturnos, con superación, háganle sentir la felicidad a la gente en la cara”

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“Para trasmitir la felicidad es necesario ser felices. Y para trasmitir el dolor hace falta ser felices. ¡Sean felices, estar mal, sufrir! No tengan miedo de sufrir, ¡todo el mundo sufre! Y si no tienen los medios, no importa, para hacer poesía sirve una cosa: todo. ¿Entendieron? No busquen la novedad, eso es la cosa más vieja”; “Si yo deseo una mujer, y la sueño, la sueño como un símbolo. Si es un pingüino, la acompaño con la mitología del pingüino. O bien, si es una iguana. Eso es un sueño maduro. No lo digo yo, lo dice Sigmund Freud”; “He descendido millones de escaleras dándote el brazo y ahora que no estás, es un vacío cada peldaño”; “¡Que bella estás! …que bellas son las mujeres cuando deciden hacer el amor”; “Yo sé solamente una cosa, Vittoria, qué esta noche no volverá jamás, jamás. En el gran reloj del tiempo está escrita una sola palabra: Ahora"; “Si ella muere… para mí el mundo entero es una puesta en escena... Pueden levantarlo todo, enrollar el cielo y cargarlo en un camión, apagar esta luz bellísima del sol que me gusta tanto, ¿y sabes porqué? Porque me gusta ella iluminada por el sol. Pueden llevarse todo, estas alfombras, los edificios, la arena, el viento, las ranas, las sandías maduras, el granizo, las 7 de la tarde, mayo, junio, julio, la albahaca, las abejas, el mar, los zapallos”; “He gastado mucho, pero valió la pena. Sobre todo porque he encontrado algo excepcional. Cierra los ojos. ¡El matamoscas! ¡El arma de destrucción masiva!”; “¡Soy italiano!”.

CONSEJO: esperar al video. Sin apuro.

9.10.06

el negador de milagros

Chu Fu Tze, negador de milagros, había muerto; lo velaba su yerno. Al amanecer, el ataúd se elevó y quedó suspendido en el aire, a dos cuartas del suelo. El piadoso yerno se horrorizó. "Oh venerado suegro", suplicó "no destruyas mi fe de que son imposibles los milagros". El ataúd, entonces, descendió lentamente, y el yerno recuperó la fe.

Citado por GILES en Confucianism and its Rivals, Lecture VIII, 1915.

ANTOLOGÍA DE LA LITERATURA FANTÁSTICA
Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo, Adolfo Bioy Casares

7.10.06

frases de “El diablo viste a la moda”

Lo prometido ayer, las mejores frases de “El diablo viste a la moda”:

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Necesitamos a alguien que pueda sobrevivir aquí, ¿entiendes?

-Lo siento, Miranda. Yo...
-Tu incompetencia no me interesa

-¿Entonces no lees RUNWAY?
-No
-¿Y hasta hoy nunca habías oído hablar de mí?
-No
-No tienes estilo ni sentido de la moda
-Bueno, creo que eso depende de…
-No, no. Eso no fue una pregunta

Una vez una asistenta dejó su escritorio porque se cortó la mano y perdió una llamada de Lagerfeld que estaba en un avión con destino a Australia. Ahora trabaja en “TV Guía”

Crema de maíz. Una elección interesante. Espero que sepas que la celulitis es el principal ingrediente.

-Esa parte la entendí. Pero no estaré en la moda toda la vida. No le encuentro sentido de cambiar mi modo de ser y de vestir por el simple hecho de trabajar aquí.
-Es cierto. De eso se trata esta industria multimillonaria. De la belleza interior.

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Ah, ya veo. Crees que esto no tiene nada que ver contigo. Abriste tu armario y seleccionaste esa camiseta azul, porque tratas de decirle al mundo que te tomas demasiado en serio como para preocuparte por la ropa que llevas. Pero lo que no sabes es que esa camiseta no es simplemente azul. No es turquesa. Es cerúleo. Y tampoco estás enterada de que en el 2002 Oscar de la Renta sacó una colección de vestidos de ese tono. Y luego, creo que fue Yves Saint Laurent, el que exhibió chaquetas militares azul cerúleo. Creo que una chaqueta nos vendría bien. Y el cerúleo comenzó a aparecer en las colecciones de muchos diseñadores. Y luego llegó a las tiendas. Y terminó en un porquero o en una cesta de liquidación. Y así fue como llegó a ti. Sin embargo ese azul representa millones de dólares e innumerables empleos. Y es gracioso que pienses que hiciste una elección que te excluye de la industria de la moda, cuando de hecho, estás usando una prenda que las personas en esta habitación seleccionaron para ti... entre muchas "cosas".

Andy, por favor, no estás haciendo ningún esfuerzo. Estás dejándote llevar. ¿Qué quieres que te diga? "Pobrecita. Miranda la tomó contigo. Pobre Andy." Despierta. Ella sólo hace su trabajo. ¿No sabes que estás trabajando en el lugar que reúne a los mejores artistas de este siglo? Holsten, de la Renta... lo que ellos crean, es mejor que el arte. Porque tú vives con eso, forma parte de tu día. Bueno… tú no. Algunas personas. ¿Crees que esto es sólo una revista? ¡Pues no! Es un rayo de esperanza para... no sé, digamos, un muchacho que crece en Rhode Island con seis hermanos y que miente diciendo que va a practicar fútbol cuando en realidad toma clases de costura y lee “RUNWAY” por las noches, debajo de su frazada, con una linterna. No tienes idea de cuántos rostros ilumina esta revista. Y lo que es peor, no te importa. Porque no respetas este lugar en el que tantas personas morirían por trabajar. ¿Y quieres saber por qué ella no te da un beso en la frente y te da una estrella dorada al final del día? Despierta, cariño.


Esto puede combinar. Sí, es posible. Pero necesitas Chanel.

-Y bien... ¿qué opinas?
-Creo que mejor nos vamos de aquí antes de que mi novia nos vea.

¿Por qué las mujeres necesitan tantas carteras? Con una sola basta para poner toda la basura con la que andan.

-Miranda insiste en revisar las colecciones de todos los diseñadores antes de su lanzamiento. Y les da su opinión. A su manera. Hasta ahora sólo ha sonreído una vez. Para Standford, en el 2001. Si no le gusta, sacude la cabeza. Y por supuesto, si aprieta los labios...
-¿Eso significa...?
-Una catástrofe.

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-¿Él va a cambiar toda la colección porque ella apretó los labios?
-Aún no lo entiendes. Su opinión es la única que cuenta.

-Necesito que consigas un libro de Harry Potter para las gemelas.
-OK. Ahora mismo voy a comprarlo
-¿Te caíste y te golpeaste la cabeza contra el asfalto?
-No que yo recuerde.
-Tenemos todos los libros de Harry Potter que se han publicado. Las gemelas quieren saber qué sucederá a continuación.
-¿Quiere el manuscrito inédito?
-Conocemos a todo el mundo en el campo editorial. No debería ser un problema. ¿O sí?

Vamos. Aún sigo siendo la misma. Sigo queriendo lo mismo. Soy la misma Andy mejor vestida.

-Lo siento. Ha sido un día pesado. Mi vida personal está en un hilo.
-Avisame cuando se esfume. Ahí es cuando te ascienden.

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-Se me ocurren unos arreglos florales...
-¿Arreglos florales? Para la primavera. ¡Qué revolucionario!

-Estoy haciendo dieta. Es muy rigurosa. Y cuando pienso que me voy a desmayar, me entretengo con queso.
-Parece que da resultado.
-Lo sé. Estoy a una diarrea del objetivo.

¡Emily!

Si no vas, asumiré que no te tomas tu futuro en serio. En “RUNWAY” o en cualquier otra publicación. La decisión es tuya.

-No tuve opción. Miranda me lo pidió y no pude negarme.
-Esa es tu respuesta para todo. "No tuve elección". Tu trabajo te impide tomar decisiones propias.

Sabes que es obvio... Que tienes otra relación, que sobrepasa la nuestra. Espero que sean muy felices juntas.

-Lo siento mucho, Miranda. ¿Quieres que cancele...?
-No será necesario.
-¿Alguna otra cosa?
-Haz tu trabajo. Eso es todo.

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¡Estoy tan emocionado! ¡Por primera vez en 18 años podré vestirme a mi gusto! Podré venir a París y ver París.

-Admite que la odias.
-¡No!
- Es una sádica conocida. Y no en el buen sentido de la palabra.
-Está bien, es dura. Pero si fuese hombre, nadie lo notaría tanto.

Jacqueline hace lo mismo por mucho menos dinero. Así son los negocios.

-¿Eso que huelo son fresías?
-¿Qué? No.
-Les dije expresamente que... Si veo fresías… en cualquier parte... me sentiré muy decepcionada.

-Supongo que me compensará… en algún momento…
-¿Estás seguro?
-No… pero es lo único que tengo

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-Pero me impresionó que trataras de advertirme con tanto fervor. Nunca pensé que diría esto, Andrea. Pero de veras... Veo mucho de mí en ti. Ves más allá de lo que la gente desea. De lo que necesitan. Y sabes tomar decisiones.
-No creo que me guste eso. Yo... No podría hacer, lo que usted hizo esta noche.
-Ya lo hiciste. A Emily.
-Eso no... No, eso fue diferente. No tuve elección.
-No. Tú sí elegiste. Elegiste quedarte. En este mundo hay que tomar decisiones difíciles.
-¿Pero y si esto no es lo que yo quiero? ¿Y si yo no quiero vivir como usted?
-No seas ridícula, Andrea. Todos quieren esto. Todo el mundo quiere ser como nosotras.

-Sólo tengo que hacerte una pregunta ¿“RUNWAY”? Pasaste ahí menos de un año.
¿Cómo fue esa desviación?
-Aprendí mucho. Y al final… de cierta forma… metí la pata.


¡Vamos!

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6.10.06

el infierno está cool

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EL DIABLO VISTE A LA MODA

Fausto fashion, “El diablo viste a la moda” es una muy pero muy buena comedia pochoclo, con una actuación superlativa (otra más) de ese animal de las pantallas que es Meryl Streep, en uno de sus mejores personajes. En su simplicidad (la historia no es para nada novedosa), funciona en todos esos pequeños detalles que hacen la diferencia entre una gran comedia y una comedia más. Para los que crean que es fácil alcanzar tal estadio, comparar con la anterior participación de Meryl Streep en la lamentable “Secretos de diván”.

“El diablo…” es la historia de Andy Sachs, pichona con ansias de periodista, que entra a trabajar en la mejor revista de modas norteamericana, como asistente de la jefa de redacción, la tiránica, sádica, brutal, obsesiva, Señora de la Moda (así, con mayúsculas) Miranda Priestly. Andy (de pulóveres amplios, faldas horribles y pelo desarreglado) tiene un objetivo: un año de trabajo. Si sobrevive a Priestly ese tiempo, se le abrirán las puertas de cualquier trabajo en el medio gráfico, en el futuro.

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Bueno, lo que no sabe Andy es que la posesiva Miranda ocupará cada intersticio de su vida, cada segundo, cada respiración y latido. Lentamente, la ingenua novicia entrará por el aro y se dejará tentar con los cantos de sirena de la fama. En su momento, deberá sopesar su propia decisión de pactar con el diablo.

Para los que sospechen que Miranda Priestly está inspirado en un personaje real, no tengan dudas. La película está adaptada de la novela de Lauren Weisberger que fue, durante un tiempo, asistente de Anna Wintour, todopoderosa editora de “Vogue” norteamericana, célebre por ser voz autorizada en el mundillo de la moda internacional y conocida por ese sadismo opresor con sus subordinados.

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Claro, para que esta perra resulte simpática, necesitamos de una actriz del calibre de Meryl Streep que nos da otra clase de actuación, con gestos mínimos y calculados. Anna… perdón, Miranda, no necesita alzar la voz para que todo gire a su alrededor, para hacer callar de miedo a los que la enfrentan. Sus ojos fusilando al osado, esa boca que se frunce en un gesto de desagrado, la manera altiva de alzar la cabeza. La compostura física de Miranda Priestly nos habla de su personalidad, mucho antes de que emita una palabra. La presentación del personaje es deliciosa. Nos imaginamos como es, sólo con ver la reacción que provoca en todos los empleados de la revista, la sola posibilidad de su llegada a un día común de trabajo.

Junto a Streep, hay otro actor brillante, que le da fulgor a su personaje secundario: Stanley Tucci, confidente de Andy. Ante tales pedazos de bestia, que Anne Hathaway (Andy Sachs) no pedalee en el aire, alcanza para felicitarla. En ningún momento desentona y transmite cierto candor juvenil que necesitaba su personaje. La química con Streep es más que destacable. Bien por la piba, que superó el desafío.

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Tal vez pueda buscársele alguna vuelta más al guión de “El diablo…”, algún rebusque más comprometido. La película abunda en metamensajes, reflexiones sobre la moda como hecho artístico que afecta nuestras vidas cotidianas y sobre cierta superioridad pavota de lo intelectual sobre lo frívolo habitual. También hay algunas reflexiones sobre el trabajo y cómo nos convierte en otras personas. “No pude evitarlo” es la frase de cabecera de Andy. Y por momentos, terminamos creyendo que todo está condicionado, que, en verdad, no puede hacer otra cosa. Esa es una línea interesante que se refuerza en el diálogo final entre Miranda y Andy, en una limusina en París. Uno no es tan diferente al déspota que critica.

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Posiblemente, se podrían haber trabajado más los personajes fuera del ámbito laboral de Andy. Ni el novio ni los amigos, son más que meras excusas. Sentimos que la película crece cuando nos metemos en el mundo de “Runway” y cae, cuando nos embarullamos en la historia de amor. Hay una línea no usada, pero que valía sondear: qué hay con aquellos que no quieren elevarse con nosotros. Si Andy descubre que es buena en el mundo de “Runway”, ¿los otros consentirían dejarla volar tras su destino?

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Escenas destacadas: la presentación de títulos donde se sugiere a la moda como indicador de status económico; la presentación del personaje de Miranda; el discurso que Miranda le da a Andy sobre el pulóver azul; el último diálogo entre Miranda y Andy en la limusina; la conversación entre Nigel y Andy, cuando ella se queja de lo mal que la trata Miranda; el gag del novio siguiendo de largo cuando no la reconoce en la calle, tras su reconversión estética.

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Las frases vienen en un post de mañana, porque son muchas y divertidas.

CONSEJO: ir a verla.