6.10.04

otra de Alejandra Pizarnik

Hablo de un poema que se acerca. Se va acercando mientras a mí me tienen lejos. Sin descanso la fatiga; infatigablemente la fatiga a medida que la noche –no el poema- se acerca y yo estoy a su lado y nada, nada sucede a medida que la noche se acerca, y pasa y nada, nada sucede. Sólo una voz lejanísima, una carencia mágica, una absurda, antigua espera de cosas mejores.
PALABRAS
(La Gaceta, Tucumán, 1965)

5.10.04

piratería

¿Por qué a nadie se le ocurre hacer copias pirata de periódicos y revistas? La respuesta salta a la vista: porque resultaría más caro y de peor calidad. Ni la industria del disco, que también batalla y mucho contra la piratería, ni la del libro -con un perfil mucho más bajo-, ni la audiovisual han conseguido hasta ahora lo que sí ha logrado su par gráfica: precios óptimos combinados con calidad inalcanzable como para eliminar de cuajo a cualquier falsificador.

Poner la carga sólo en la concientización del público podría dar lugar a pensar que se intenta transferir el problema a los consumidores cuando es en el seno de esa industria donde debe ser resuelto, optimizando costos, encontrando nuevos soportes que dificulten la reproducción, aumentando las estrategias de fidelización que se ofrecen al público con sustanciales ventajas si se inclinan hacia los productos originales y reclamando de los poderes del Estado la legislación más conveniente para evitar los excesos, sin que ello implique falsos proteccionismos.

Al mismo tiempo que concientizar -sin agitar alarmismos que merecerían mayor detalle si es verdad, como afirman, que el dinero que circula en este ámbito está vinculado al tráfico de drogas y a otras actividades terroristas- la industria audiovisual debería hacer una fuerte y sincera autocrítica pública de lo que está haciendo mal y tendrá que corregir y, principalmente, explicar cómo logrará llegar a precios de venta al público tan razonables como para dejar fuera de combate a los señores del parche en el ojo.

PABLO SIRVÉN
(la nación, 26.09.04)

4.10.04

el post patético de la semana

La almohadabrazo
Es innegable que los japoneses, además de tecnología, tienen imaginación para combatir la soledad. Después de los Tamagotchi, las mascotas virtuales que se morían si no se las atendía, llegó la robótica con perros que mueven la cola. Esta vez, inventaron algo para conciliar el sueño, un tanto más artesanal: una almohada para las japonesas que sueñan con dormir abrazadas. Lo que hace es reemplazar el pecho de una pareja que se fue o... que nunca llega, con medio torso y un brazo. Curioso este almohadón Brazo de Novio que no tiene pijama, sino camisa y corbata, que además tiene despertador, que no suena, sacude el brazo. Cuesta 77 dólares y lo desarrolla Kameo, que está pensando en una edición limitada de brazos de novia.
(la nación, 04.10.04)

¿el cine argentino tiene algo qué decir?

Dos estrenos argentinos, en tanda. La primera, “El perro”, la producción de Carlos Sorín, en el estilo minimalista que caracteriza esta última etapa del director argentino. Película buena, a la que tal vez le sobran algunos minutos. No es una película de consumo amplio. En la soledad de la Patagonia, un perro se vuelve la proyección física de un hombre caído del mundo. La otra, la última película de Pablo Trapero, “Familia rodante”, una road-movie sobre una familia que, a bordo de una desvencijada casa rodante, van a Misiones al casamiento de un pariente lejano. Lo que podía ser una historia coral, estilo Altman, se desinfla apenas salen de la General Paz. Muy buena la canción de León Gieco y algunos momentos (la historia de la primita persiguiendo al primo). Pero nada más.

Una pregunta que nos surge ante las últimas películas argentinas post-crisis. Parece que tenemos más recursos, más posibilidades técnicas, más subsidios y cuotas de mercado para filmar. Pero… ¿el nuevo cine argentino tiene algo qué decir? Porque a veces nos da la sensación de que hay directores que no tienen nada que contar, que ya no hay historias para contar al espectador argentino. Las películas argentinas se están convirtiendo en carne de festival, producciones que ganarán lauros afuera, recibirán financiamiento europeo y sus directores serán reconocidos en los ámbitos académicos. Pero rara vez logran sentar a su público en la butaca, pero llorar y reír con las historias que están contando.

Para tenerlo en cuenta y esperar que esto no sea una tendencia, si no un bache transitorio.

1.10.04

la poesía según Pizarnik

Estuvimos releyendo algunos comentarios de Alejandra Pizarnik sobre la poesía. Vale rescatar algunos párrafos:

La poesía es el lugar donde todo sucede. A semejanza del amor, del humor, del suicidio y de todo acto profundamente subversivo, la poesía se desentiende de lo que no es su libertad, su verdad. Decir libertad o verdad y referir estas palabras al mundo en que vivimos o no vivimos es decir una mentira. No lo es cuando se la atribuye a la poesía: lugar donde todo es posible.

(...)

Si me preguntan para quién escribo me pregunta por el destinatario de mis poemas. La pregunta garantiza, tácitamente la existencia del personaje.

De modo que somos tres: yo; el poema; el destinatario. Este triángulo en acusativo precisa un pequeño examen.

Cuando termino un poema, no lo he terminado. En verdad lo abandono, y el poema ya no es mío o, más exactamente, el poema existe apenas.

A partir de ese momento, el triángulo ideal depende del destinatario o lector. Únicamente el lector puede terminar el poema inacabado, rescatar sus múltiples sentidos, agregarle otros nuevos. Terminar equivale, aquí, a dar vida nuevamente, a re-crear.

(...)

El poeta debe crear su lector y de ninguna manera expresar ideas comunes.
(Buenos Aires, 1967)