20.11.09

el pelé ruso (I)

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La historia de Eduard Anatoliyevich Streltsov empieza como todas las grandes historias suelen empezar. Nace en Perovo, un suburbio moscovita, el 21 de julio de 1937. El pequeño Eduard crece sin padre, un soldado que sobrevive a la Guerra pero que prefiere establecerse en Kiev que volver con su esposa e hijo en Moscú. Sofía, su madre, trabaja en una fábrica metalúrgica; pero tiene una salud resentida por problemas cardíacos congénitos. Sus propias palabras señalan la realidad de esos días: “el único placer, el único destello de luz en los días grises de la semana, era el fútbol”.

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En la fábrica Fraser, el talento futbolístico de Sterltsov es rápidamente reconocido. A los 13 años ya juega en el equipo de la fábrica. El joven hincha del Spartak de Moscú, se luce en un encuentro que el Fraser juega con las inferiores del Torpedo. Tras el partido, el técnico del Torpedo lo invita a probarse en el equipo mayor.

Todas las crónicas registran que llega a las puertas del club con una valija de madera; ninguna nos dice si soñó siquiera con que el club a cuyas puertas llama le pondría, algún día, su nombre al estadio.

(continúa mañana)

19.11.09

el juego de la muerte: más datos

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Entre abril y mayo de 2005, “Libreta Chatarra” publicó la historia de “El juego de la muerte”, el partido que el FC Start (un combinado de jugadores del Dynamo y el Lokomotiv, en la Ucrania ocupada de la Segunda Guerra Mundial) enfrentó y ganó a un equipo nazi.

Las notas están en:

http://libretachatarra.blogspot.com/search/label/el%20juego%20de%20la%20muerte

El 04/11/09, en su nota en “La Nación” (http://www.canchallena.com/1194006-el-futbol-comunista), Ezequiel Fernández Moore los menciona y desmiente que los jugadores ucranianos hayan sido fusilados inmediatamente luego del partido, sino en campos de concentración y que tres de ellos sobrevivieron. Exactamente, lo dicho en nuestra nota. Cita como fuente “Behind the Curtain” del inglés Jonathan Wilson fuente bibliográfica adicional a nuestros enlaces.

El artículo de Fernández Moore cuenta otra historia que nos gustó rescatar, la del “Pelé ruso”, el soviético Eduard Streltsov, que empezaremos a contar a partir de mañana.

18.11.09

te escucho

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IN TREATMENT
data: http://www.imdb.com/title/tt0835434/

Si hay algo que no me canso de repetir, es una de las grandes lecciones que recibí en un curso de guión: podemos llenar una escena de soldados que se tiran bombas, se cagan a tiros, se revientan unos a otros, y eso sólo no garantiza que tenga acción. Lo que hace que una escena nos llame la atención y nos mantenga enganchados no es otra cosa que el contrapunto dramático entre los personajes. Si hay conflicto, nos llamará la atención aunque sean dos tipos hablando, sentados a una mesa.

Si Quentin Tarantino da clase en cada película, sobre cómo generar tensión desde el diálogo, ¿qué decir de “In treatment”, la serie de HBO, con dos temporadas al aire y una tercera en preparación? La idea es sencilla: capítulos diarios de no más de media hora de duración, desarrollando la historia de un psicólogo, Paul Weston y sus pacientes. Cada día, un paciente, que se repite la semana siguiente; el viernes, el último día, el paciente es el psicólogo en sesión con su propia terapeuta. La idea no es original de HBO, sino que Rodrigo García (sí, el hijo de García Márquez) adaptó la serie israelí “Be’tipul”.

Noten la simpleza de la propuesta casi minimalista: dos personajes sentados, hablando, nada más que hablando, durante media hora. Con eso sólo (of course, con un guión excepcional, con actores brillantes), nos lleva de la nariz por los cuarenta y pico episodios de la primera temporada y los treinta y pico de la segunda.

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Es claro que el guión es el gran responsable de que esta propuesta funcione. Más aún: el diálogo es fundamental. No es sólo la historia de cada personaje, con su fuerza dramática propia; es el reflejo de esas historias personales en la propia historia personal del terapeuta. Porque el psicólogo no permanece fuera de este remolino de sentimientos que arrastra todo en cada sesión. Ése es el principal hallazgo: demostrar que no hay lugar neutral, racional y frío, desde el que pueda imperar el terapeuta. Si hay compromiso con el paciente, él estará en la misma trinchera, intercambiando golpes emocionales, dando y recibiendo.

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“In treatment” se permite cuestionar el psicoanálisis, desde la mirada del protagonista central que se pregunta hasta qué punto está haciéndole un favor a sus pacientes. Esa duda (particularmente dramática en la segunda temporada), nos permite pasear por la técnica del análisis y comprender que el terapeuta (el buen terapeuta) sólo nos puede guiar por ese camino de enfrentarnos a esas condicionalidades que nos obligan, inconscientemente, a repetir patrones nocivos. Que el camino del autoconocimiento, de transformarnos en una persona mejor, suele ser fatigoso, duro y tremendamente oscuro. Poco antes del amanecer es cuánto más oscuro está.

En las sesiones, Paul Weston deja a sus pacientes sin las pocas armas que les ha permitido llegar hasta ahí, acarreando sus vidas. A las pocas sesiones, los deja indefensos, al borde del colapso, desorientados, frustrados, enojados. Pero (y esa es la principal lección) los deja con la Verdad. Y ese es un buen punto de partida para reconstruir las cosas, desde cimientos más sanos. Sólo hay que tener el coraje de afrontar ese páramo de indecisión para mejorar. Y el rol del terapeuta es tendernos la mano en este difícil proceso. La alternativa (trágica en el caso de Alex, el piloto de combate) es reprimir las contradicciones rogando al cielo que no exploten en el momento menos esperado.

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El elenco es vital. Gabriel Byrne en el papel del psicólogo, dota a su personaje de la calidez y la vulnerabilidad necesaria. Del elenco de pacientes, nos quedamos con Melissa George (minón VIP; justificamos plenamente que le haya volado la cabeza a Weston); la mirada de Aaron Grady Shaw, Oliver, el niño que le sobra a sus padres; Mia Wasikowska como una adolescente suicida; Dianne Wiest, la cereza del postre, la terapeuta (radicalmente diferente) de Paul.

Recomendada y admirada, “In treatment” es la clase de televisión que podríamos hacer en estas latitudes subdesarrolladas. Pero no somos subdesarrollados sólo porque no tenemos los recursos económicos de Estados Unidos; lo somos (principalmente) porque los directivos de nuestra televisión hubieran sentenciado a muerte (sin ni siquiera considerarlo) a un guión de media hora, todos los días, reducido a dos tipos sentados hablando.

Para disfrutar con un mundo mejor, televisivamente hablando.

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17.11.09

vacas sagradas

En un librito muy ameno, Bueno para comer, publicado en 1985, el antropólogo norteamericano Marvin Harris habló del "enigma de la vaca sagrada". Se refería al "más célebre de los hábitos alimenticios irracionales", la prohibición de sacrificar y consumir carne de vaca en la India. En ese país viven 1.150 millones de personas y un 27,5% está por debajo de la línea de pobreza (es decir, más de 316 millones). La India tiene también la mayor población de vacunos del mundo, unos 193 millones de Bos indicus (más unos 78 millones de búfalos). Entre un cuarto y la mitad son animales enfermos, inútiles, desnutridos, que vagan por los campos o que entorpecen el tráfico en las ciudades. A pesar de la necesidad de proteínas, minerales, calorías y vitaminas que padecen, los hindúes se niegan a comer su carne.

La protección de las vacas es uno de los ejes del hinduismo, la religión dominante en la India. Para el hinduismo, todo lo que proviene de una vaca es sagrado (su cuerpo contiene unos 330 millones de dioses y diosas). Ahora bien, tal como Harris se apresuró en aclarar, el enigma no se soluciona diciendo que los hindúes no comen vacas porque son hindúes y los hindúes no comen vacas. "El rechazo de la carne de vaca debido a las creencias hindúes es lo que constituye el enigma, no la respuesta". Las otras grandes religiones no tienen este reparo particular respecto de la carne vacuna. ¿Por qué el hinduismo prohíbe la faena y el consumo de vacas y no de cerdos, camellos o –ya que estamos– pájaros carpinteros? Harris sostuvo que no se trata de un capricho o una decisión arbitraria, sino de un conjunto definido de condicionamientos prácticos. "La religión ha influido en las costumbres dietéticas de la India, pero éstas han influido todavía más sobre la religión". Hecha la ley, hecho el tabú. Y deshecha la historia.

La protección de las vacas no siempre fue algo central en el hinduismo. Durante el período de los vedas (pueblo ganadero que dominó la India septentrional entre 1800 y 800 aC., y al que refieren los primeros textos sagrados hindúes), la carne de vaca se consumía sin compunciones. Pero la población humana creció y la bovina disminuyó, los bosques se redujeron y la provisión de carne comenzó a escasear. Los campesinos pobres enflaquecían, morían desnutridos, mientras que brahmanes y chatrias continuaban engordando. Limitando el consumo de carne y aumentando la explotación agrícola y lechera del ganado, los campesinos podían alimentarse más y mejor. Si los animales consumen cereales, y los hombres consumen esos animales, se pierden nueve de cada diez calorías y cuatro de cada cinco gramos de proteínas. Las vacas eran más valiosas pariendo bueyes que tiraran del arado y no asándose a la parrilla. Pero los brahmanes no estaban interesados en renunciar a sus privilegios alimenticios. Dicen que le explicaron a un sabio brahmán que no debían comerse vacas porque los dioses las dotaron de un gran poder cósmico, a lo cual el sabio brahmán respondió: "No digo que no, pero yo comeré de ella de todas formas siempre que sea tierna".

Hacia el año 600 aC. la población campesina, diezmada por hambrunas, guerras y sequías, se mostraba cada vez más renuente a cualquier sacrificio de ganado, símbolo de las diferencias del sistema de castas. El clima cultural aceleró la aparición de varias religiones contrarias al sacrificio de animales, de las que el budismo fue la primera y más importante. Durante los siguientes novecientos años, hindúes y budistas pelearon por reglamentar el espíritu y el estómago de los indios. Al final ganaron los hindúes, mediante una astuta estrategia: apelmazaron una religión popular con un sistema económico efectivo, abrazaron el principio de no matar ganado y se reconstruyeron como protectores históricos de las vacas sagradas (los grandes festines vedas, argumentaron, eran solamente una expresión figurada, una metáfora). En una economía agraria con baja industrialización, las vacas son más útiles vivas que muertas: proveen leche y bueyes, los cuales proveen fuerza motriz y estiércol (principal abono de la India e importante fuente de energía). El tabú impide que, en una mala época, los hindúes se coman a un animal que es más conveniente mantener vivo.

MARCELO PISARRO
“El porqué de las vacas sagradas”
(“ñ”, 12/09/09)

16.11.09

2001 en 2009

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MOON
data: http://www.imdb.com/title/tt1182345/
Hay una razón por la cual “indie” y “ciencia-ficción” raramente se ven juntas en una frase. La ciencia-ficción en sí requiere normalmente de los valores de las grandes producciones, y tal como se puede imaginar esto es muy difícil de conseguir con el presupuesto de una película independiente. Así que poner en marcha Moon fue un intrincado rompecabezas: queríamos contar una historia que fuera a la vez profundamente humana pero que fuera universal; queríamos mantener un reparto pequeño y rodar en un ambiente completamente controlable; y también de obtener para la pantalla el máximo posible de los efectos visuales. Era muy ambicioso, pero valió la pena, hicimos una película de ciencia-ficción de las buenas, con una intensa historia, una interpretación asombrosa hecha por un actor extraordinario, una gran cantidad de efectos especiales impresionantes, y lo hicimos en 33 días con un presupuesto pequeño.
DUNCAN JONES
cinefantastico.com
http://www.cinefantastico.com/entrevista.php?id=191
El positivismo generó la sensación que a través de la Razón y la Ciencia, la Humanidad superaría todos sus problemas y que el futuro se impondría como un mejor escenario, un tiempo donde las principales taras de la sociedad serían erradicadas. La ilusión duró lo suficientemente poco. Sólo lo necesario para comprender que el alma humana es lo más complicado de cambiar en el Universo.

La ciencia ficción pasó por esas etapas: de las promesas de la tecnología a las falencias del ser humano distorsionadas en la lente de aumento del futuro. En el cine, las películas de clase B le dieron una pátina de género menor a la ciencia ficción, hasta que se puso los pantalones largos con Stanley Kubrick y “2001”.

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Cimas como “Alien, el octavo pasajero” o “Blade Runner” nos hablaban de un futuro que, en realidad, referían al presente, a los problemas comunes del ser humano, en cualquier tiempo o lugar. La lucha por sobrevivir, las manipulaciones del poder político y económico, el pataleo metafísico contra la muerte, la soledad, la incomunicación y la angustia de estar vivo.

Hace tiempo que el cine de ciencia ficción derivó en un muestrario de efectos especiales y archivó esas veleidades filosóficas. Por eso, tal vez, “Moon” del debutante Duncan Jones (el hijo de David Bowie, asistente de Ridley Scott y con un nombre en el cine publicitario) sea un soplo de aire fresco en el género. Evoca los grandes títulos; vuelve al espíritu artesanal del decorado en escala y la fotografía saturada en blancos y negros; plantea un misterio que implica un desafío a lo que conocemos como existencia y que obliga a preguntarse a su único protagonista quién es y por qué está ahí. Y (lo más notable del caso), logra todo eso con un escaso presupuesto de no más de US$5 millones, una ganga para los estándares de la industria.

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“Moon” tiene dos actores presentes: el monumental trabajo de Sam Rockwell y la presencia de Kevin Spacey en la voz de la computadora GERTY, el único interlocutor del minero Sam Bell. Otros rubros fundamentales para sostener la tensión dramática: la fotografía de Gary Shaw y la música de Clint Mansell. El otro, claro está, es el guión de Nathan Parker (sobre una idea del propio Jones).

El argumento de “Moon” es sencillo: Sam Bell es el único humano que está en una base lunar de explotación minera, al término de un largo contrato de tres años. Dañadas las comunicaciones espaciales, su único interlocutor en este tiempo es GERTY, la computadora-robot asistente. Faltan dos semanas para su regreso, pero Bell empieza a tener alucinaciones que sugieren que algo no está andando del todo bien.

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Nos detenemos ahí, para no contar el verdadero núcleo de la historia, que encierra algunas especulaciones sobre el desarrollo capitalista en un territorio virgen, en una nueva frontera sin control. En las palabras de Jones: “No pude evitar pensar que el primer paso necesario para la vida en el espacio, un paso que habría de hacerse meramente por interés económico en lugar de puramente científico, era un conflicto de intereses fascinante. Las empresas por su naturaleza buscarían, por todos los medios, extraer el máximo de material crudo con el mínimo coste posible. Eso es, sencillamente, un buen negocio. Pero sin habitantes locales, sin grupos de derechos humanos para supervisar y mantener un ojo avizor en esos asuntos, ¿qué trataría de obtener una empresa? ¿Hasta dónde podría llegar incluso la corporación más benigna y ecologista? ¿Qué serían capaces de hacerle a un operario que habitara una base al otro lado de la luna?”.

Un interesante comienzo; una indagación válida; una película para no apuntar. Más que prometedor debut para un cineasta.

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15.11.09

conozco la canción: Cinderella Rockefella

Éste es un tema muy pavo que conocimos por el cine. La película se llamaba “Caminando sobre el agua” (comentada en “Libreta Chatarra” en este post http://libretachatarra.blogspot.com/2006/10/munichita.html) del director Eytan Fox y trataba sobre un agente del Mossad que se relaciona con los nietos de un jerarca nazi escapado, para informarse de si el genocida sigue vivo. El filme no era muy bueno, pero recordamos, especialmente, la escena en la que uno de los personajes canta una versión de “Cinderella Rockefella”, tema de este post.


El tema fue creado por Mason Williams y Nancy Ames y alcanzó el Número Uno en el ranking de Reino Unido, durante tres semanas de 1968. La interpretación del tema correspondió al dúo israelí integrado por el matrimonio Ofarim: Ester y Abi.

La versión en blanco y negro de Ester y Abi Ofarim:



La canción es muy pava pero pegadiza; la letra es una excusa:
You're the lady, you're the lady that i love
I'm the lady, the lady whoo
You're the lady, you're the lady that i love
I'm the lady, the lady whoo
You're the little lady, i'm the little lady, ooh

I love your touch, thank you so much
I love your eyes, mmh that's very nice
I love your chin, say it again
I love your chinny chin-chin

You're the fella, you're the fella that rocks me
Rockefella, rockefella
You're the fella, you're the fella that rocks me
Rockefella, rockefella
You're my rockefella, i'm your rockefella, ooh

I love your face, in the right place
I love your mind, that's very kind
I love your chest, razzmatazz
I love your chest, razzmatazz

Ooh

You're the lady, you're the lady that i love
I'm the lady, the lady whoo
You're the fella, you're the fella that rocks me
Rockefella, rockefella
You're my rockefella, you're my cinderella, ooh

I love you, i love you
I love you, i love you
I love you
La traducción pierde gran parte de la rima y del sin sentido burlón del ingles original:
Tú eres la mujer, la mujer que amo.
Soy la mujer, la mujer Uuuh!
Tú eres la mujer, la mujer que amo.
Soy la mujer, la mujer Uuuh!
Tú eres la mujercita, la mujer que amo.
Soy la mujer, la mujer Oooh!

Amo tu toque, muchas gracias
Amo tus ojos, Hmmm… son muy bonitos
Amo tu barbilla, lo repito
Amo tu pequeña barbilla, ¡chin-chin!

Tú eres el chico, tú eres el chico
que me estremece
Rockefella (rock=estremecer; fella=chico), Rockefella.
Tú eres el chico, tú eres el chico
que me estremece
Rockefella, Rockefella.
Tú eres mi Rockefella, yo soy tu Rockefella, Ooh!

Amo tu cara, en el lugar correcto
Amo tu mente, que es muy amable
Amo tu pecho, es un alarde
Amo tu pecho, es un alarde

Ooh!

Tú eres la mujer, la mujer que amo.
Soy la mujer, la mujer Uuuh!
Tú eres el chico, tú eres el chico
que me estremece
Rockefella, Rockefella.
Tú eres mi Rockefella, tú eres mi Cenicienta, Oooh!

Te amo, te amo
Te amo, te amo
Te amo…
No está de más notar el juego de palabras entre “Rockefella” y “Rockefeller” (por el magnate norteamericano) que da sentido al título, al confrontarlo con la Cenicienta (con un lindo pie pero sin un mango partido al medio).

De esta locura muy del Londres de los ’60, vale presentar esta bizarra versión de 1968, por el mismo dúo israelí:



Brilló por un tiempo y desapareció. Otra versión muy chirle, de 1972 y en un recital en vivo en Australia, pertenece a The Carpenters:




FUENTES:

Un muy buen post del blog “Teodoro y sus amigos”:
http://teodoroyamigos.blogspot.com/2009/10/momentos-dabadaba-cinderella-rockefella.html

La letra del tema:
http://www.lyricstime.com/ofarim-esther-cinderella-rockefella-lyrics.html

En Wikipedia, artículo sobre el tema:
http://en.wikipedia.org/wiki/Cinderella_Rockefella

y sobre el dúo Esther y Abi:
http://en.wikipedia.org/wiki/Esther_and_Abi_Ofarim

Más antecedentes del tema:
http://www.poparchives.com.au/feature.php?id=23

13.11.09

claude lévi-strauss

"En disciplinas como la nuestra, el saber científico avanza a paso inseguro, bajo el látigo de la contención y la duda. Basta que se le reconozca el modesto mérito de haber dejado un problema difícil en estado menos malo que como se lo encontró".
CLAUDE LÉVI-STRAUSS
Hace unos días, los diarios del mundo informaron la muerte del antropólogo francés Claude Lévi-Strauss, el padre del estructuralismo. Esta nota publicada en “Ñ” hace casi un año, resume sus principales contribuciones al pensamiento del siglo XX.
Suponiendo que Claude Lévi-Strauss no hubiese hecho otra cosa que escribir Tristes trópicos, su libro de 1955, su obra seguiría estando a mil años luz que la de cualquier otro antropólogo. Y Tristes trópicos ni siquiera es un libro de antropología en sentido estricto. En todo lo que ese libro exige, en todo lo que ese libro sabe que no obtendrá, se encuentra la espina que el estructuralismo –como método científico, corriente de pensamiento, como afirmación política y posibilidad estética– dejó clavada en el corazón del siglo XX: no la duda sobre si el saber occidental será capaz de responder las preguntas acerca de la naturaleza humana, sino la sospecha de que probablemente no valga la pena.

Tristes trópicos es el relato de un antropólogo que, a mediados de la década de 1930, deja su acomodada vida académica en Francia y llega a la selva amazónica en busca de su objeto de estudio soñado: "Una sociedad humana reducida a su expresión básica".

(…)

El antropólogo no se resigna. Penetra más y más en la selva. Quiere localizar, dice, esa sociedad que todavía no fue contaminada por la civilización europea. Por la mugre. Finalmente, cerca de la frontera con Bolivia, se topa con los tupi-kawahib: salvajes, impolutos, el sueño de Rousseau y de Durkheim. Sin embargo, por más que lo intenta, no consigue comunicarse con ellos. No se entienden. No hablan la misma lengua. "Estaban realmente dispuestos a enseñarme sus costumbres y creencias, pero yo nada sabía de su lengua. Estaban tan cerca de mí como una imagen vista en un espejo. Los podía tocar pero no podía entenderlos. Allí tuve mi recompensa y al mismo tiempo mi castigo, pues, ¿no consistía mi error, y el de mi profesión, en creer que los hombres no son siempre hombres? ¿En pensar que algunos merecen más nuestro interés y atención porque en sus maneras hay algo que nos asombra?".

(…)

El antropólogo no se resigna tampoco ahora. Hay otra opción. En lugar de merodear en tribus lejanas, de regodearse en su extrañeza, de lamentarse al ver en qué los hemos convertido, es posible construir un modelo teórico de sociedad que abarque a ésa y a todas las sociedades primitivas. El espíritu humano es el mismo en todos lados. Lo que prima es el intento de llevar orden al caos, de ordenar un universo desordenado. Hay un todo establecido, coherente. Un número limitado de estructuras que se repiten una y otra vez. Un sistema. Valiéndose de la matemática, la lingüística, la cibernética, las ciencias del signo, es posible reconstruir esas estructuras, bosquejar una suerte de tabla periódica con los elementos que conforman esas sociedades. Los mitos, las leyendas, los dialectos, los bailes, los tatuajes, son accidentes, contingencias. Lo que importa es la estructura, lo que subyace: el estudio del pensamiento humano a través de una ciencia formalista, taxonómica, universal, abstracta.

A mediados del siglo XX, con los hornos de Auschwitz todavía calientes y las luchas por la descolonización estallando alrededor del mundo, el estructuralismo se propuso la empresa más grandiosa jamás imaginada: comprender cómo funciona la mente humana. Y Lévi-Strauss hizo escuela.

(…)

Lévi-Strauss logró construir un modelo teórico, político, estético, que satisfacía su búsqueda personal: entender a los hombres sin conocerlos, conseguir una aproximación intelectual y mantener la distancia física. "Odio los viajes y a los exploradores", así empezaba Tristes trópicos. Bastó esa línea, y Lévi-Strauss ya estaba a mil años luz.

(…)

"Lo que consiguió cambiar la mentalidad de la época, como ninguno de esos elementos lo hubiera logrado antes, fue la sensación de que había aparecido un nuevo lenguaje en el que todo, desde la moda femenina, como en El sistema de la moda de Roland Barthes, hasta la neurología, como The quest for mind de Howard Gardner, podía discutirse y analizarse de una manera útil. Fue toda una serie de términos (signo, código, transformación, oposición, intercambio, comunicación, metáfora, metonimia, mito... estructura), tomados en préstamo y reelaborados tanto a partir del léxico de la ciencia como del arte, los que sirvieron para definir la empresa de Lévi-Strauss, más allá del limitado interés que muchos pudieran tener en el sistema de secciones australiano o la configuración de las aldeas bororo".

A mediados de siglo, el lenguaje, o el método, o las hipótesis, o el modelo, o lo que fuese que ese antropólogo francés estuviese diciendo en nombre del estructuralismo, se extendió hacia otras disciplinas. Pocos, muy pocos, se definieron como "estructuralistas", pero de pronto en lingüística, psiquiatría, historia, política, sociología, semiología, matemática, filosofía, literatura, biología, y más, el estructuralismo permitía decir cosas que hasta ese momento no habían sido dichas: permitía, parafraseando una definición ya clásica de Lévi-Strauss, generar buenas categorías para pensar.

(…)

El estructuralismo no nació con Lévi-Strauss. Su fundación, simbólica, se remonta a 1916, cuando se publicó la obra póstuma de Ferdinand de Saussure, el Curso de lingüística general. Pero en el trayecto que va desde el Curso de lingüística general hasta la edición de los cuatro tomos de las Mitológicas de Lévi-Strauss (entre 1964 y 1971), el estructuralismo pareció haber mutado como en esas películas de la RKO en las que una pequeña lagartija se metía donde no debía, recibía algún tipo de radiación y se convertía en un monstruo gigante y deforme que pisoteaba todo lo que encontraba a su paso. El estructuralismo, para entonces, era Godzilla.

(…)

La crítica de la superioridad racial debe combinarse con la crítica de la superioridad cultural. No hay una sola civilización, propone Lévi-Strauss; hay culturas, muchas, en plural. "Lévi-Strauss se apropia de la solemne ambición de los fundadores de la UNESCO –iluminar a la humanidad para conjurar los peligros de la regresión a la barbarie–, pero la dirige contra la filosofía a la que éstos rinden pleitesía", seguía Finkielkraut. "El objetivo sigue siendo el mismo: destruir el prejuicio, pero, para conseguirlo, ya no se trata de abrir a los demás a la razón, sino de abrirse uno mismo a la razón de los demás".

Se esparció como una mancha de brea. Imitando el ejemplo de la antropología estructuralista, las ciencias humanas comenzaron una cacería del etnocentrismo, una denuncia de todas las formas en que –en nombre de un humanismo universalista, vago, metafísico– Occidente hacía prevalecer su dominio pasado y presente. Los historiadores rompieron la línea del tiempo, trastocaron su continuidad; los sociólogos combinaron el marxismo con la etnología estructuralista: en todas las sociedades hay división de clases (decían con Marx), y en cada clase hay un universo simbólico distinto y equivalente (decían con Lévi-Strauss). Los lingüistas encontraron las mismas estructuras narrativas en las "grandes novelas" y en los "cuentos populares"; todas las teorías de la descolonización usaron el mismo sonsonete: ni las sociedades ni las personas crean de manera absoluta, sólo se limitan a elegir determinadas combinaciones; no hay dos culturas que sean iguales, pero todas parten de la misma actividad combinatoria y no pueden ser jerarquizadas.

La bola de nieve no se detuvo. Noam Chomsky, Roland Barthes, Jacques Derrida, Jacques Lacan, Umberto Eco, Jean Piaget, Thomas Kuhn, Michel Foucault, Louis Althusser o Julia Kristeva, por nombrar poco y atropellado, llevaron el estructuralismo a sus respectivas disciplinas.

(…)

No es que el estructuralismo, o Lévi-Strauss, hayan estado exentos de críticas. Al contrario. Muchos filósofos acusaron al estructuralismo de ser demasiado cientificista y muchos científicos lo acusaron de ser demasiado filosófico. Se dijo que Lévi-Strauss era un mago: que encontraba estructuras por todos lados, que las sacaba de su galera mágica junto con conejos y ramos de flores. Se le imputó plantear preguntas y no responderlas; mezclar azarosamente cualquier cosa que se le cruzara; no hacer suficiente trabajo de campo; hacer demasiado trabajo de campo; usar demasiada información; usar muy poca información; usar información desactualizada; ser demasiado positivista; ser demasiado poético; ignorar la historia; ignorar a los individuos; ser demasiado determinista; tomar un montón de temas complicados y volverlos imposibles. Las versiones más "duras" del estructuralismo se han vuelto obsoletas, o al menos no gozan del acuerdo que gozaron hasta fines de la década de 1960. Gran parte de sus hipótesis (o métodos, o discursos, o... lo que sea) fueron retomadas por las corrientes posestructuralistas, posmodernas, deconstructivistas, constructivistas, etc. Otras fueron descartadas, y muchas otras se volvieron parte de agendas políticas y sociales, parte del sentido común, de la embrutecida cotidianeidad de los hechos de todos los días.

(…)

Ese es el secreto que encierra Tristes trópicos: que el precio por conocer es la destrucción de aquello que busca conocerse. "Nunca más, en ninguna parte, volveré a sentirme en casa", se lee allí, sólo para pasar un par de páginas y encontrarse con una cita de Pascal: "Nada nos puede consolar, cuando lo pensamos detenidamente". En todo lo que ese libro exige y en lo que sabe que no obtendrá, se encuentra la espina que el estructuralismo dejó clavada en el corazón del siglo XX: "¿Para qué sirve actuar, si el pensamiento que guía la acción conduce al descubrimiento de la ausencia de sentido?". Es lo que Lévi-Strauss, hace setenta años, intuyó que no sería capaz de responder.

MARCELO PISARRO
“Qué queda del estructuralismo”
(“ñ”, 06/12/08)